Blancos con carácter Fabricio Portelli 02/08/2026 Bodegas, Tips 32 Con motivo del Día del Vino Blanco, que se celebra cada 4 de agosto, la categoría profundiza su proceso de revalorización en la Argentina. Desde Agrelo, Mendoza, Anaia Wines propone un recorrido por su línea de blancos —de la frescura cotidiana a la exclusividad de edición limitada— con Gran Anaia Viognier como máxima expresión. Cada 4 de agosto, distintas bodegas, sommeliers y medios especializados alrededor del mundo dedican una jornada a poner en valor los vinos blancos, una fecha que en los últimos años ganó tracción también en la Argentina. Ya no se trata solo de una alternativa de verano: los blancos empiezan a ocupar un lugar propio en la mesa, en la coctelería de autor y en las cartas de los restaurantes de alta cocina. Durante décadas, el malbec concentró casi todo el protagonismo del vino argentino. Pero esa foto empieza a cambiar. Los números acompañan esa lectura. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) relevados por el Observatorio Vitivinícola Argentino, los vinos blancos representan hoy cerca del 24,8% del volumen total comercializado en el mercado interno. El comportamiento mensual muestra además señales de reactivación: en septiembre de 2025 la categoría creció 7,3% interanual, y hacia el cierre del año los vinos varietales blancos —aquellos elaborados con una cepa declarada, como Sauvignon Blanc, Chardonnay o Viognier— avanzaron 13,7%, en contraste con la caída de los blancos sin mención varietal. El fenómeno no es exclusivamente local: a nivel global, el vino blanco atraviesa un ciclo de crecimiento sostenido, impulsado por consumidores que buscan opciones más frescas, versátiles y de menor graduación alcohólica. En ese contexto, la Argentina —con microclimas de altura que favorecen la acidez y la frescura aromática— empieza a ser mirada como un origen con potencial para blancos de autor. Desde Agrelo, Luján de Cuyo, uno de los terroirs más reconocidos de Mendoza, Anaia Wines construyó una línea de blancos pensada para acompañar distintos momentos de consumo, sin resignar identidad de marca. La bodega —ubicada en un viñedo de 72 hectáreas a 962 metros sobre el nivel del mar— trabaja bajo una premisa que atraviesa todo su portfolio: respeto por la naturaleza, innovación y tecnología, aplicadas a una producción limitada y consciente. Blanco de Agrelo, la etiqueta de entrada de la bodega, es la propuesta más versátil: un vino fresco, de trago fácil, pensado para el consumo gastronómico cotidiano y para quienes se inician en la exploración de blancos argentinos. Su perfil liviano lo vuelve compañero natural de almuerzos informales, aperitivos y encuentros distendidos. Anaia Sauvignon Blanc, en cambio, apunta a un consumidor que busca mayor definición varietal: un vino vibrante, de marcada impronta aromática y una frescura pronunciada, típica de la cepa, que lo posiciona como una opción ideal para quienes disfrutan de blancos con carácter cítrico y herbal bien definido. GRAN ANAIA VIOGNIER: EL BLANCO ÍCONO DE LA BODEGA Si hay una etiqueta que condensa la ambición de Anaia en materia de blancos, es Gran Anaia Viognier. El viognier es una variedad de origen francés, oriunda de Condrieu, en el norte del Valle del Ródano, que llegó a la Argentina recién en 1993 y que hoy ocupa un lugar minoritario pero de alto valor cualitativo dentro del mapa varietal del país: según el Informe de Variedad Viognier del Observatorio Vitivinícola Argentino (Argentina.gob.ar), apenas 640 hectáreas están implantadas con esta cepa en todo el territorio nacional, el equivalente a un 0,3% de la superficie total de viñedos y un 1,9% de las variedades blancas destinadas a vinificación. Se trata, en otras palabras, de una rareza enológica antes que de una apuesta masiva. Esa escasez relativa es, precisamente, parte de lo que la vuelve interesante. El viognier es una uva de baja acidez natural que, en climas cálidos y de altura como el de Agrelo, desarrolla una paleta aromática intensa: notas florales de magnolia y madreselva conviven con matices frutales de durazno y damasco, sobre un fondo especiado que se revela con la copa en reposo. En boca, ofrece una textura untuosa y una voluptuosidad poco habitual entre los blancos, con estructura suficiente para acompañar platos de mayor peso —pescados grasos, quesos madurados, curries suaves o preparaciones con especias—, terreno donde otros blancos más austeros suelen quedar cortos. El trabajo enológico detrás de Gran Anaia Viognier busca equilibrar esa naturaleza exuberante con precisión y elegancia, priorizando la frescura y la definición aromática por sobre la opulencia. El resultado es un vino de personalidad marcada, que no busca parecerse a un chardonnay ni a un sauvignon blanc, sino ocupar un espacio propio: el de un blanco de alta gama, con potencial gastronómico y de guarda, para paladares que ya recorrieron los clásicos y buscan una experiencia distinta. Por eso, dentro del universo Anaia, Gran Anaia Viognier funciona como la máxima expresión de lo que la bodega entiende por vino blanco premium: una etiqueta que invita a redescubrir la categoría desde un lugar de sofisticación y autenticidad de terroir. Completa la propuesta Gran Anaia Sauvignon Blanc Edición Limitada, una etiqueta pensada para consumidores que buscan partidas acotadas y de alta gama. Elaborado en volúmenes reducidos, este vino profundiza el perfil varietal de la línea Anaia con mayor complejidad y concentración, y se posiciona como una alternativa exclusiva dentro del segmento de blancos premium argentinos. 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