El miércoles 22 de mayo de 2019, junto a Pablo Cúneo, Marcelo Suarez, Diego Guevara y Vicente Garzia, degusté por primera vez el Malbec 2017 de Altamira, de la Finca Miralejos. También el 2018 y 2019, y muchos componentes de diversos cuarteles de Los Miradores (11,12,21,22,31 y 32) de los mismos años. En ese momento entendí el gran cambio que estaba llevando a cabo el flamante enólogo (por aquel entonces) de la bodega, y la “nueva búsqueda”. Un año más tarde, y de manera virtual por la pandemia, fue el turno del Cabernet 2018, componente por componente y su corte “supuesto” final. Todo esto demuestra que el “relanzamiento” de la línea Luigi Bosca De Sangre no es una acción de marketing ni una casualidad, sino una necesidad de la familia Arizu de mostrar lo que vienen haciendo desde que la nueva generación enológica se hizo cargo de los vinos.

Hace muy poco y, obviamente, de manera virtual, la bodega realizó un lanzamiento de gran impacto, sin dudas, el lanzamiento del año, porque se trató de siete nuevos vinos. Tres viejos conocidos con vestimenta nueva, pero con sus nuevas cosechas, y cuatro novedades absolutas. Todas bajo el nombre De Sangre, una marca fuerte que habla de genuinidad, también de pasión y esfuerzo, y que conjuga pasado presente y futuro, porque para el Ing. Alberto Arizu el futuro está en el pasado.

Esta nueva colección de Luigi Bosca es entonces un viejo proyecto que se viene gestando, impulsado por Alberto Arizu (h), y que comenzó con la llegada de Pablo Cúneo a la bodega, allá por 2017. Eso no significa que los 120 años de historia que tiene Luigi Bosca, fundada por su bisabuelo, no sean relevantes. Sino que, como cuarta generación al mando de la bodega, Alberto Arizu (h) tiene honor, pero también la responsabilidad de seguir avanzando.

¿Qué es De Sangre?

“Son vinos concebidos con todo el corazón y la pasión, vinos con alma y vida que nacen de la investigación de nuestros terruños”, explica el Licenciado Arizu. Además, estos vinos dan cuenta del espíritu pionero e innovador de la familia, de la búsqueda incansable por crear cosas nuevas, encontrar suelos nuevos, y producir vinos diferentes de clase mundial. Son vinos que reflejan la pasión y el compromiso de ellos y de su gente, vinos hechos con amor y emoción que van más allá de la calidad, buscando una conexión emocional con los consumidores.

Todos provienen de viñedos especiales y parcelas muy seleccionadas de varias regiones de Mendoza. Todas las uvas son de viñedos propios, algunos con más de un siglo. Todos esos viñedos además son sustentables, porque la naturaleza es muy importante para esta familia que se siente custodia de esos recursos, y asumió la obligación de preservarlos para las futuras generaciones.

Todo esto está en la nueva línea. Es una co-creación y un acto especial, porque muchas cosas intervinieron en la creación de estos vinos. Hay detalles en cada etiqueta muy importantes. Todas las parcelas fueron especialmente seleccionadas, algunas son únicas y en otros vinos participan mezcladas, siempre de la Primera Zona (Maipú y Luján de Cuyo) y del Valle de Uco.

“Este acto de co-creación nace de una leyenda familiar, porque mi abuelo cada vez que seleccionaba un vino en la bodega, le ponía “vino de sangre” para identificar esos vinos especiales que luego terminaban siendo partidas seleccionadas”, cuenta Alberto Arizu (h). Esto evidencia que el nombre estuvo dentro de la familia desde hace décadas. Además, en 2011 lanzaron aquel tradicional pero jugado, hoy afamado, blend De Sangre (2008), sin anglicismos en la etiqueta ni Malbec en su composición, con el que lograron mucha conexión emocional. “No hacía falta hablar español para tener esa conexión”, describe Alberto Arizu (h) al referirse a sus clientes en todo el mundo, ya que el mensaje era contundente, más allá del vino. Ese fue el disparador de esta flamante colección de siete vinos.

Las nuevas etiquetas De Sangre

El Malbec está muy presente en la colección, mostrando su diversidad que va desde los viñedos antiguos de Luján de Cuyo, hasta los más nuevos en el Valle de Uco; Miradores en Tunuyán, Miralejos en Altamira, y otro en Gualtallary. Son tres versiones, todas selecciones de parcelas especiales. Empezando por el viejo y conocido Malbec DOC, que vio la luz un par de años después que se concretara la Denominación de Origen para el Malbec de Luján de Cuyo, impulsada en gran parte por el Ing. Alberto Arizu. Ahora, a partir de la cosecha 2019, se llama Luigi Bosca De Sangre Malbec DOC. Este vino fue desde siempre una selección de parcelas dentro de la denominación. El segundo es el Luigi Bosca De Sangre Malbec Valle de Uco 2018, elaborado a partir de parcelas especialmente elegidas de Finca Los Miradores, situada en Villa Seca, y de Finca Miralejos, ubicada en Paraje Altamira. Y por último el Luigi Bosca De Sangre Malbec Edición Limitada 2017, de tan solo 20 mil botellas producidas, proveniente de parcelas especialmente seleccionadas de Finca Miralejos, situada en Paraje Altamira.

Por su parte, el Cabernet Franc es un cepaje empleado por la familia desde hace muchos años en distintos cortes y en el Gala 4, pero el De Sangre Cabernet Franc proviene de una selección de parcelas muy pequeñas en El Paraíso, Maipú, donde expresa virtudes muy singulares. El De Sangre 2019, ahora rebautizado Red Blend, mantiene su composición original de Cabernet Sauvignon, Syrah y leves aportes de Merlot, elaborado a partir de parcelas especialmente elegidas de Las Compuertas y Agrelo. Su par blanco, el Del Alma White Blend, pasa a ser De Sangre White Blend desde la cosecha 2020, ahoracompuesto por Chardonnay, Semillón y Sauvignon Blanc, elaborado con uvas de Gualtallary y Tupungato. Pero la gran estrella de la línea no esta en estos seis, sino que se trata de un Cabernet Sauvignon. Una cepa emblema de los Arizu y muy identificada con Luigi Bosca. “Creemos tener muchas cualidades para poder soñar con un Cabernet Sauvignon de clase mundial”, se entusiasma Arizu (h). Hay material genético de más de un siglo en El Paraíso, ya que poseen cepas clonales cultivadas en 1925, y a eso se les suma una selección de lugares extremos en zonas altas y frías, a 1200 y 1300 metros, para lograr un carácter único.

La opinión del enólogo, Pablo Cúneo

Solo él y su equipo saben el trabajo que hay detrás de cada una de estas botellas, lo difícil que es planificar un vino de este nivel y lograr hacerlo realidad, llegando a mesas en todo el mundo, manteniendo sus cualidades originales. El trabajo que les permitió lograr estos vinos fue un trabajo de detalle y cuidado, de mucho seguimiento en los viñedos, con mapeos de suelos, microvinificaciones, clasificando cada parcela. Y a su vez esas parcelas clasificarlas por genética, suelo y clima, para lograr que cada variedad aporte algo diferente. “Cuando hay algún matiz diferente y sobresaliente lo tomamos como parcela seleccionada, y eso pasa a formar parte de De Sangre”, asegura Pablo. Para el winemaker, De Sangre es el fiel reflejo de Luigi Bosca, porque habla de la búsqueda de la precisión de cada uva, de mostrar la transparencia del terruño, y luego esas parcelas se combinan en estos vinos. “Y este estilo preciso, con sentido de lugar, con estilo y elegancia, es muy Luigi Bosca desde siempre”, afirma Pablo Cúneo.

Esta manera de trabajar depende de varios pilares, el primero es el respeto y la gratitud por la naturaleza en los viñedos. Ellos se saben custodios y los cuidan mucho. Ya trabajan por segundo año en el cultivo orgánico en tres de las fincas, y en cinco años prevén poder certificar el 100% de sus viñedos. “El cuidado del suelo, la biodiversidad y el cuidado del agua son ejes de nuestro trabajo”, detalla el enólogo.

Otro de los pilares importantes es la gente, que cuida y trabaja los viñedos como artesanos, hay familias enteras que trabajan hace varios años junto a la familia y que son parte de la esencia de los viñedos y los vinos. “Para muchos de ellos cada planta tiene su nombre”, confiesa Cúneo.

Otro pilar del viñedo y que significa un patrimonio, es el material genético, antiguo y muy diverso, tanto de Cabernet Sauvignon como de Malbec. “Es importante porque estas selecciones a través de 100 años aseguran la consistencia y calidad de los vinos”, explica Pablo Cúneo. Y a su vez recuerda que el Ing. Alberto Arizu y el Ing. Alberto Alcalde (famoso por su gran trabajo ampelográfico identificando los cepajes), junto a Miguel Bello; responsable de Finca El Paraíso (Maipú) desde hace más de 50 años; trabajaron mucho allí en pos de la vitivinicultura.

El enólogo aclara que en esos vinos intervienen lo justo y necesario para que la fruta y el terruño sobresalgan, intentando que la enología acompañe eso. Pablo sabe del valor del tiempo, ya que los vinos trascienden a las personas, y por lo tanto hay que respetar los tiempos de vinificación, los de crianza, etc. “El respeto de cada una de esas etapas nos permite llegar con vinos bien definidos”, afirma Pablo Cúneo.

Los vinos De Sangre

Luigi Bosca De Sangre White Blend 2020 ($1800), compuesto por Chardonnay, Semillón y Sauvignon Blanc, elaborado a partir de parcelas especialmente elegidas de fincas situadas en Gualtallary y Tupungato. Es un fiel reflejo de la experiencia de la familia Arizu en la elaboración de blends blancos de alta gama. El equilibrio entre sus distintos componentes da como resultado un vino de gran frescura, nervio y tensión, que expresa la vocación innovadora y el conocimiento adquirido a lo largo de 120 años de historia.

Luigi Bosca De Sangre Malbec D.O.C. 2019 ($2160), elaborado bajo las pautas de la Denominación de Origen Controlada Luján de Cuyo, es el fruto de parcelas especialmente elegidas de fincas situadas en Las Compuertas, Vistalba y Agrelo. El suelo franco arenoso y pedregoso de este terruño, situado a los pies de la Cordillera de los Andes, aporta la fruta, la redondez y la estructura a este vino que busca reflejar la esencia del Malbec en este histórico terroir mendocino.

Luigi Bosca De Sangre Red Blend 2019 ($2160), este blend tinto compuesto por Cabernet Sauvignon, Syrah y leves aportes de Merlot fue elaborado a partir de parcelas especialmente elegidas de fincas propias situadas en Las Compuertas y Agrelo. El equilibrio entre los distintos componentes de Luján de Cuyo da como resultado un vino redondo, expresivo y genuino de su terroir de origen, que busca expresar con transparencia esta tradicional zona mendocina.

Luigi Bosca De Sangre Malbec Valle de Uco 2018 ($2600), proveniente del Valle de Uco, elaborado a partir de parcelas especialmente elegidas de nuestra Finca Los Miradores, situada en Villa Seca, y de Finca Miralejos, ubicada en Paraje Altamira. El suelo aluvional y pedregoso de estos terruños, a los pies de la Cordillera de los Andes, aporta a este tinto estructura, pureza y una muy atractiva tensión en el paladar.

Luigi Bosca De Sangre Malbec Edición Limitada 2017 ($3350), con tan solo 20 mil botellas producidas, este Malbec fue elaborado a partir de parcelas especialmente seleccionadas de Finca Miralejos, situada en Paraje Altamira. El suelo pedregoso y calcáreo de su terruño se expresa en la verticalidad y mineralidad de este vino que expone facetas sumamente florales.

Según Pablo Cúneo, este es un vino que resume de manera clara el trabajo de estos últimos años en el viñedo Miralejos. “Es un vino muy especial, ya que Altamira como Luján de Cuyo posee viñedos de 80 años porque el tren llegaba hasta Eugenio Bustos, y allí hay viticultura desde hace décadas con gran genética. Por eso elegimos esa finca, y luego esta selección parcelaria”. Afirma que el vino posee buen carácter varietal, propio de un año fresco, con una expresión intensa de Malbec; violetas, frutas rojas, cerezas; y una dulzura típica con una textura mineral. “Acá estamos en el corazón de Altamira, y la cosecha 2017 me impactó”, agrega.

Pablo Cúneo recurre al método de Diostem para medir la madurez de la uva de manera objetiva, por fotosíntesis de la planta, y marcando como un hito la parada de carga de azúcar de la planta, desde la fenología, pasando por envero, la floración y todos los cambios del ciclo. Esa parada está asociada a algo que no se ve; la madurez de las semillas. Medir eso les permite un hito objetivo, y luego de muchos años de microvinificaciones, entendieron que, para buscar ventanas de cosecha de fruta fresca y madura, deben recolectar entre 25 y 30 días después de ese fenómeno para obtener fruta fresca, y 50 días para la fruta madura. “Esto nos permite ser más precisos al momento de la cosecha, usando esta metodología más la degustación pudimos en Altamira en 2017 obtener la fruta fresca y madura que deseábamos”, explica el enólogo.

Luigi Bosca De Sangre Cabernet Franc 2018 ($2600), proviene de viñedos ubicados en Finca El Paraíso, Maipú, donde el Cabernet Franc expresa virtudes muy singulares. Pionera en el trabajo e investigación de la variedad, Bodega Luigi Bosca presenta este exponente especiado, intenso, vibrante y fresco. El suelo franco arenoso del terruño aporta el cuerpo compacto y la textura redonda a este vino de gran elegancia y complejidad.

Este vino los impactó desde el principio, esta novedad lleva al origen de Finca El Paraíso, y habla de la historia de la familia. Para Pablo Cúneo en este vino está la pimienta rosa y el carácter floral (rosas), con especias y fruta roja. Asegura que es una variedad difícil, que cuesta dominarla, sobre todo su costado de pirazinas. “El Paraíso es un poco más fresco y se cosecha más tarde que en otros lugares de la zona, de ahí las notas especiadas a pimienta rosa, su tensión y entrada dulce en boca”, describe Cúneo. En la vinificación de este vino hay algo particular, un pequeño porcentaje de maceración carbónica que aporta frescura y dulzura.

Luigi Bosca De Sangre Cabernet Sauvignon 2018 ($2800), elaborado a partir de parcelas especialmente elegidas de fincas propias situadas en Las Compuertas, Agrelo, Gualtallary y Altamira. El equilibrio resultante entre los componentes de Luján de Cuyo y Valle de Uco da como resultado un tinto sobrio, de excelente tipicidad varietal, compacto, de gran estructura y elegancia. Su carácter y complejidad son una muestra de lo que esta variedad es capaz de expresar en Mendoza.

En el Cabernet Sauvignon la búsqueda fue muy importante ya que debían encontrar lugares con carácter definido, y que en su unión pudieran lograr un vino world class, explica Alberto Arizu (h). “Con Pablo se empiezan a ver los cambios generacionales en los vinos”, afirma.

En este vino participan parcelas de cuatro orígenes, es decir una identidad completa del Cabernet Sauvignon según la interpretación de la variedad, de los lugares y de la selección parcelaria por parte del equipo de Luigi Bosca. “Cuando empezamos a pensar en este Cabernet Sauvignon (hoy ya van cuatro años de probar con diferentes orígenes, como Las Compuertas, Agrelo y otras zonas de Luján de Cuyo, y Gualtallary, Altamira y Vista Flores en el Valle de Uco) sabíamos que cada lugar aportaría un carácter distinto, pero el objetivo fue combinarlos para lograr un vino diferente, con un perfil de cosecha madura de manera de tener redondez y jugosidad, con taninos amables, no agresivos, y que cada zona aportara algo en el corte”, resalta Pablo Cúneo. Cabe destacar que el Cabernet de Las Compuertas proviene de Finca Los Nobles, que da un carácter muy elegante y fino, más a especias como pimienta, pero siempre con elegancia y suavidad, según el enólogo. Por su parte, Agrelo aporta la fruta negra, el casis, Gualtallary las hierbas, tensión y frescura, y Altamira la dulzura que termina de envolver todo. “Ese fue el objetivo, componer un Cabernet Sauvignon completo”, agrega el enólogo.Y continúa describiéndolo como un vino que posee drinkability porque se deja tomar muy bien, pero a la vez tiene fineza y mucha delicadeza, incluso hasta sale algo floral.

Alberto Arizu (h) conoce muy bien como se mueve el mundo del vino, y sabe que el rey de los cepajes tintos ocupa un lugar de privilegio, con 17% del consumo mundial. “Si queremos ser una marca global debemos jugar en esa categoría”, sostiene. Y si bien en esta flamante colección hay tres Malbec, el Cabernet Sauvignon es la variedad para volver a poner en el centro, y que tiene que ver mucho con la historia de casa.

La continentalidad del clima, el tiempo de colgado de la uva; 30/40 días más que Francia y que otras zonas; el sol y las temperaturas, nos permite alcanzar una madurez de los taninos lenta y lograr así exponentes suaves y diferentes, con las pirazinas pulidas que se perciban como especias, junto a un buen carácter de frutas negras.

“El mundo no quiere tantas pirazinas sino tener un Cabernet Sauvignon con frutas negras y con estructura tánica que lo hacen más atractivo. En los próximos años vamos a estar entretenidos intentando instalar este Cabernet Sauvignon World Class en el mundo”, cierra Alberto Arizu (h).

El mercado va y viene, y cada vez hay más coincidencias entre los mercados de consumo, ya no se habla de uno americano, uno inglés, uno europeo y uno asiático. Es por eso que estos nuevos vinos de Luigi Bosca de clase mundial se lanzan en simultáneo en Argentina, Estados Unidos y el Reino Unido. Y tanto Alberto Arizu (h) como Pablo Cúneo saben que van a ser muy disfrutados en todo el mundo.

Es un gran comienzo de una nueva historia que recién comienza.

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.