Si bien Flechas de los Andes es una de las fundadoras del Clos de los Siete, y una de las cinco bodegas construidas allí, hace unos años decidió independizarse del proyecto ideado por Michel Rolland. Simplemente porque preferían usar ese 30% de uvas, que cada bodega debía ceder para el afamado blend nacido en 2002 y que lleva el nombre del campo, en sus propios vinos.

Entre los convocados originalmente por Michel estaban el Baron Benjamin de Rothschild (fallecido recientemente) y Laurent Dassault; ambos personajes muy prestigiosos de Francia; que decidieron compartir su camino de búsqueda de un gran terroir al pie de los Andes. Así, ambas familias concretaron el deseo de producir vinos argentinos de excelencia, que se sumaron a sus bodegas en Burdeos, como Château Dassault (Saint Emilion Grand Cru) y Château Clarke (Cru Bourgeois ubicado en la AOC Listrac-Médoc).

La bodega Flechas de los Andes fue construida en 2003 y fue la segunda en ser inaugurada en el campo; después de Monteviejo; en plena vendimia 2004. Con un estilo Santa Fe, muy poco visto en Mendoza, pero que combina naturalmente con la imponente cordillera. Por todos lados, paredes, pisos, aberturas, etc., se ven puntas de flechas, es que el nombre “Flechas de los Andes” hace referencia a las cinco flechas emblemáticas de la familia Rothschild que simboliza los cinco hermanos que dieron origen a esa dinastía de emprendedores a lo largo de seis generaciones.

Desde el vamos, Pablo Richardi es el enólogo del proyecto. En breve cumplirá 20 vendimias al frente de la bodega. Al principio muy secundado por Michel Rolland, como asesor de la casa, y por sus “vecinos” y amigos Marcelo Pelleriti (Monteviejo) y Adrián Manchón (Cuvelier Los Andes). Pero con el tiempo, y la confianza de los propietarios, Pablo fue encontrando el estilo de sus vinos, obviamente siguiendo los preceptos básicos; vinos de alta gama para larga guarda.

Al principio, y en paralelo a la juventud de las viñas, Pablo se apoyaba en la buena madurez de las uvas que, por las condiciones extremas de Vista Flores, al pie de los Andes, resultaba en vinos concentrados, con músculo y potencia. Claro que había tiempo para que se suavicen, ya que los dueños no estaban apurados por vender, como la mayoría de las demás bodegas de Argentina. Y la madera; barricas de roble nuevo francés; también era muy protagonista.

Cada vendimia se vinifica con el más puro respeto a las tradiciones, aliadas a las técnicas y al moderno equipamiento. Gracias a un terroir único, beneficiado por un clima seco, moderado por la altura y la atención apasionada que tienen sus dueños sobre la propiedad, se fueron forjando los vinos de Flechas de los Andes con el paso de las cosechas. Un Gran Corte y un Gran Malbec, solo esos dos al principio. En 2010 llegaría la línea Punta de Flechas para aportar más novedades y movimiento a la propuesta enológica de la bodega. Sobre todo, porque lograrían atender un segmento, también de alta gama, pero sin tantas pretensiones de guarda ni concentraciones, y por ende de precios más accesibles.

Los vinos de Flechas de los Andes

Más allá del Punta de Flechas Rosado, falta mucho para que lleguen los 2020 de Pablo al mercado. Sin embrago, recuerda que fue un año cálido, pero que no lo tomó por sorpresa. “La vendimia es como el asado, para no quedarse sin brasas o no arrebatarlo hay que ser previsible. Hay que pensar que en febrero siempre llueve más, y si viene seco como fue en 2020, la cosecha se adelanta naturalmente”, explica el hacedor. También, los agrónomos y enólogos tienen indicadores a lo largo de todo el ciclo vegetativo para planificar mejor la cosecha, como la floración, el cuaje, el tamaño de los granos, etc. “Si el 30 de enero medías azúcar y ácido málico, te dabas cuenta que venia adelantado una semana, y después con el febrero que tuvimos, era obvio que la cosecha se anticiparía entre 15 días y un mes”. Esto no fue problema para él ya que no vinifica blancos, y no tuvo que desocupar sus vasijas de urgencia para recibir las uvas tintas.

El primer vino servido en el restaurante Oviedo, en su última visita a Buenos Aires, fue el Punta de Flechas Rosado, el primer vino no tinto de la casa en casi veinte cosechas. Pero la verdadera historia de este vino con personalidad es que nació por casualidad.

Entre las tantas uvas plantadas para encontrar el compañero histórico al Malbec para el Gran Corte, estaba el Tannat. Durante años Pablo lo vinificó a un rendimiento (lógico) de 80 qa/ha, pero nunca logró obtener un buen vino. Y tras cinco intentos, vendidos todos como vinos de traslado, decidió liberar la viña hasta llegar a los 200 quintales por hectárea. Esa uva se vendió siempre a la misma bodega, hasta 2019 que, por cierre de la bodega, quedó la uva colgada en las plantas.

Pablo vinificó varios años en Francia y compartió muchas experiencias con los demás enólogos del grupo. Ese año justo estaba con un colega francés, y juntos se animaron a hacer un rosado. Si bien no dice Tannat por ningún lado, está claro que es la clave de su éxito. Porque esa uva mantiene una altísima acidez natural. En este caso con 9 gr ac/l, de los cuales 5 son de tartárico y 4 de málico (el de la manzana verde), mucho más amable. Como hijo de buen champañero (su padre Norberto es propietario de una de las champañeras más tradicionales de Mendoza; Richardi Fazio Menegazzo), le dejó 4gr de az/l para lograr un balance final. “La idea es que tenga cuerpo para la mesa”, afirma Pablo. Y detalla que, en Francia, los rosados de Provence y Burdeos se hacen con base Cabernet, por ser variedades tánicas para darles cuerpo, a partir de maceraciones cortas de 12h. Su rosado tiene polifenoles y un perfil aromático bien floral, no de cereza típica de muchos Malbec.

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En enero 2020 llegó al mercado el Punta de Flechas Malbec 2018, el primero pudo haber sido el 2010, aunque el enólogo no lo recuerda muy bien. Al igual que la 2019 y más allá de sus diferencias, 2018 fue un gran año. Actualmente elabora unos 400.000 l de ese vino en dos etiquetas diferentes, mercado externo y mercado interno. Es la misma uva del Gran Malbec, con apenas 2000 kg más por hectárea, y lleva un 15% de Merlot que lo hace más bebible en el corto plazo, “porque los taninos de la zona son firmes”, dice. Y para explicar la atractiva fluidez del vino detalla tres cosas: comparado con los exponentes anteriores, las plantas son más viejas. Se cosechan más temprano. Y realiza extracciones muy suaves, “yo estoy dejando muchos taninos en los hollejos, como no tienen guarda en barricas no extraigo demasiado en este vino”.

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Su par blend, de la cosecha 2016, tiene todas las particularidades de la añada; vinos más lineales, largos y tensos, con más especias y no tan dulces de fruta roja. Elaborado a base de Malbec (50%), con partes iguales de Cabernet Sauvignon y Merlot, y un toque de Petit Verdot (2%). “Se siente una mayor concentración, más cuerpo y más complejidad en sus sabores”, asegura. Y agrega, “el discurso de Flechas es siempre el mismo, el Malbec es nuestro caballo de batallas, y los cortes para cuando trabajamos en un solo terroir. Acá la boca la da el Cabernet Sauvignon (cofermentado en gran parte con Malbec) de grano más grande en boca, mientras el Malbec te da violetas y dulzor”.

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Si bien no es el top de la casa, se puede decir que es la estrella, porque Argentina es Malbec. La cosecha 2014 es la actual y será corta, porque el Flechas de los Andes Gran Malbec se exportó mucho. Es por ello que después del 2014 llegará el 2017, porque la cosecha 2015 se vendió toda afuera, y en 2016 no se elaboró. “Acá se empieza a ver el nuevo formato o receta para este vino, siempre apoyado en la fruta. La madera no se siente, y es muy masivo en el medio de boca, por la frescura que lo hace fluir muy bien y equilibra su concentración”, explica Pablo. Es tanta la fuerza de la fruta que no se siente la madera, más allá que solamente 1/3 sea roble nuevo. Habrá que prepararse para recibir con los brazos abiertos al 2017.

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Pablo, durante varios años elaboró solo dos vinos, y nunca tuvo la presión comercial. Es más, Flechas de los Andes crece a un ritmo sostenido de 5% por año, lo cual, después de 15 años es envidiable. “Nunca tuvimos un salto de incremento en las exportaciones del 40% porque buscamos mucho a los importadores, nos interesa más la fidelidad”.

De la primera cosecha 2004 todos recuerdan el Gran Malbec y el Gran Corte, su hermano mayor. “Con el 2015 comienza la revolución de este vino”, cuenta Pablo. Elegir las variedades protagonistas, más allá del Malbec, fue un trabajo que le llevó cinco años, ya que debían ser variedades que además demostraran constancia en el terroir. Después otro proceso de aprendizaje en la vinificación. Así llegó la cofermentación de Malbec y Cabernet Franc que tan bien le sale. Pero le llevó al menos tres años más. Y luego lograr la guarda deseada. Para ello dejó de usar mucha barrica. “Esto es algo de barrica nueva y foudre, solo 12 meses y los otros 12 meses en vasijas de hormigón para que siga respirando un poco más sin encerrarlo en la botella ni ponerle más madera”, agrega.

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Se nota el cambio, mezcla de evolución general del terruño y la industria, con mayor experiencia del hacedor. Pero acá hay algo más, una confianza personal para despegarse y lograr el primer vino de campo que no tiene nada que ver con el estilo de Michel Rolland, sin que ello implique ser mejor, o estar en las antípodas, como pueden ser los hermanos Michelini. Acá se nota que Pablo se cortó solo, fue como un gladiador, ya no hay un vino monolítico como le solían decir hace algunos años, sino una expresión diferente, con más capas y complejidad.

La guarda está garantizada en todos los vinos de Pablo Richardi, pero ahora se pueden disfrutar antes. Y sin dudas, una degustación vertical, no solo reflejará el punto de inflexión, sino que también se puede ser muy longevo sin apelar tanto a la concentración y a la crianza.

Sobre El Autor

Hace 22 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.