El primer año de la pandemia le devolvió al vino un poco de protagonismo. Porque la mayoría de los amantes del vino, al estar más tiempo en casa, incrementaron su consumo. Pero lo más importante se dio en aquellas personas que disfrutan el vino, pero esporádicamente. Fueron ellos los que descubrieron que un vino en la mesa puede transformar una comida cotidiana en un momento especial. Y las ventas treparon un 10% respecto de 2019, incluso con los restaurantes cerrados tanto tiempo.

Sin dudas, este cambio de tendencia llegó para quedarse, ya que en la Argentina el consumo de vino es similar, en costumbres, al de los principales países productores del Viejo Mundo, donde el vino forma parte de la cultura popular. Por eso no es de extrañar que, en un momento tan difícil de la sociedad, haya recuperado protagonismo.

Pero, por otro lado, las bodegas no pudieron lanzar tantas novedades al mercado, aunque la mayoría se las arregló bastante bien. Primero para sortear la cuarenta obligatoria en plena vendimia. Y luego, a través del zoom, realizando eventos virtuales con profesionales y clientes de todo el país, a quienes les llegaban los vinos en cuestión a domicilio, y solo debían conectarse a la fecha y hora fajada, copa en mano.

Por otra parte, todos estos cambios de hábito, han demostrado que no siempre se necesita la novedad para sorprender al otro. Porque un buen vino clásico, de esos que mantienen su estirpe y estilo a través de las cosechas, pude más que una etiqueta innovadora. Ya que, si bien este puede llamar la atención, por nuevo y original, el amante del vino disfruta mucho reencontrarse con esa botella que tan bien recuerda y tanto gusto le dio tomar.

Así es Fabre Montmayou, una de las bodegas más clásicas de la Argentina, aunque no por eso deje de ser moderna. Clásica porque se mantiene fiel a sus principios bordeleses, de estilo, de vinos que reflejen el terroir, y de etiquetas que se disfruten en la mesa. Sin sacudir el mercado cosecha tras cosecha sino manteniendo una línea, una filosofía. Eso, desde principios de los noventa, la convierte en una de esas (pocas) bodegas que uno puede reconocer a ciegas en las copas. Porque nunca Hervè Joyaux Fabre; propietario y enólogo de la bodega e integrante de una familia de comerciantes de vino de Burdeos; ni su esposa Diane, se dejaron eclipsar por las modas, más allá de siempre estar atentos a los requerimientos del consumidor. Pero claro, si tu mercado es el mundo es imposible agradar a todos los paladares. Sin embargo, con un estilo definido de vinos, y sostenido a lo largo de las cosechas, se les puede ofrecer consistencia (cualitativa y estilística), y eso, además de ser muy valorado por muchos consumidores globales, es quizás lo más difícil de lograr en una bodega.

Otro de los aspectos que atenta siempre contra esto es el crecimiento, y Fabre lo ha tenido a lo largo de sus casi 30 años de vida. Sin embargo, como buen bordelés, Hervé se mantuvo firme mirando a largo plazo, y los resultados le dan la razón.

Un poco de historia

Todos saben que la Bodega Fabre Montmayou es la primera bodega boutique y pionera en la elaboración de vinos Malbec de alta gama en la Argentina. Nacida en el año 1993 bajo la dirección de Hervè Joyaux Fabre, atraído por el impulso de los vinos del Nuevo Mundo. Ya por aquel entonces se dedicó a elaborar vinos de alta gama combinando la excelencia (y potencial) de los terruños argentinos con el “savoir faire” francés. Primero adquirió viejas fincas de Malbec, plantadas en 1908 en Lujan de Cuyo, a 1.150 metros sobre el nivel del mar, donde luego construyó su “chateau”.

Años después Hervè llegó al alto valle de Río Negro, a 3 km de la localidad de Roca, a 40º de latitud sur, en donde creó la Bodega Infinitus.  Allí encontró viñedos antiguos, de baja producción, de cepajes nobles y el terroir ideal para aplicar todo su conocimiento y experiencia para desarrollar productos claramente distintivos: los primeros vinos de estilo francés y de alta gama de origen patagónico. Así nació el mítico Infinitus Merlot Gran Reserva.

Vinos clásicos que reflejan un estilo

No está de más recordar como se componen las diferentes líneas de vinos de la casa:

De Mendoza
    • Fabre Montmayou Grand Vin.
    • Fabre Montmayou Gran Reserva Malbec y Cabernet Sauvignon.
    • Fabre Montmayou Reserva Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Syrah y Cabernet Franc.
    • Fabre Montmayou Brut Nature 
    • HJ Fabre Malbec/Merlot, Malbec/Petit Verdot, Malbec/Cabernet Franc y Malbec Rosé
    • Phebus Malbec Magnun.

De Patagonia
    • Infinitus Gran Reserva Merlot.
    • Infinitus Barrel Selection Malbec y Cabernet Sauvignon.

Sin dudas, la línea más reconocida es la de varietales Reserva. Y si bien el último en incorporarse fue el Cabernet Franc, durante la pandemia llegó la nueva cosecha del Syrah. Se trata de un vino 100% Syrah elaborado con uvas manualmente cosechadas de viñedos propios de 20 años de antigüedad la finca de Lujan de Cuyo. Esta línea, con 25 años en el mercado nacional e internacional, representa el inconfundible estilo francés. Para el dueño de casa, “particularmente el Syrah es muy especial e ideal para cuando uno busca un cambio en el paladar además de que se lleva muy bien con carnes no tradicionales como el cordero, el chivito y algunas carnes de caza.”


Los bivarietales, o mejor dicho los “Malbec Blends” HJ Reserva demuestran lo bien que se lleva el cepaje insignia de la Argentina con otras cepas, y como da vida a vinos diferentes. Así fue que se presentaron en 2020 los nuevos H J. Reserva Malbec-Petit Verdot 2018 y H J. Reserva Malbec-Cabernet Franc 2018. Dos blends con un 80% de Malbec y elaborados con uvas cosechadas a mano de viñedos propios ubicados en Vistalba, Lujan de Cuyo. Hervé Joyaux Fabre, creó esta línea (que lleva su nombre), con una base de Malbec de antiguos viñedos, ensamblada con otras variedades para obtener novedosos vinos que brindan nuevas expresiones. La línea se completa con el Malbec-Merlot, que en 2018 va un paso más allá.

Juan Bruzzone es el winemaker uruguayo que secunda a Hervé desde hace más de 15 cosechas. Y se nota que hacen una muy buena dupla, sobre todo a la hora de definir los cortes finales de cada vino.

Y si bien no es un bivarietal, la última novedad de la casa llega en esta línea. Es el H J. Fabre Malbec Rosé 2020, un vino rosado elaborado en base a un 100% de uvas Malbec, cosechadas a mano y provenientes de viñedos propios ubicados en Vistalba, Luján de Cuyo.
Su delicado color rosa pálido se debe a que fue elaborado a partir de una maceración corta. “Nuestra filosofía, desde que comenzamos hace más de 25 años, es elaborar los vinos que expresen plenamente el terroir de nuestras fincas,” comenta Hervè Fabre, y agrega: “Este lanzamiento viene a consolidar nuestra familia de vinos. Para nosotros se trata de una importante novedad ya que responde a nuestra filosofía de ofrecer vinos elegantes, bebibles y perfectos para la gastronomía”.


Y hacia finales de año, llegó la nueva cosecha de sus Gran Reserva, integrada por un Cabernet Sauvignon y un Malbec, elaborados con uvas cosechadas a mano de viñedos propios ubicados en Vistalba, Lujan de Cuyo. 

Con un cuidado constante y un estilo personal Fabre Montmayou combina enología moderna, el terruño argentino y el “savoir-faire” de Burdeos para producir vinos con una personalidad única. La filosofía de Hervé Fabre es que el vino debe respetar la expresión de la fruta y de la vid. El cuidado constante durante la fase de crianza en barricas también sigue esta filosofía.

Mientras que la cosecha 2016 es la actual del Grand Vin de Fabre Montmayou, uno de los mejores vinos argentinos. Como siempre, blend de Malbec (85%), Cabernet Sauvignon (10%) y Merlot (5%). Este vino, creado por el enólogo Juan Bruzzone y Hervé Joyaux Fabre, nace en un viñedo con una edad promedio superior a los 70 años, en el que se producen pequeñas cantidades de kilos de uvas, permitiendo así una mejor concentración natural y garantía de una buena madurez de la materia prima. Cosechadas y clasificadas a mano, la vendimia se realiza con todos los cuidados necesarios para conservar el carácter de la variedad. “Realizamos una doble selección antes de la elaboración del vino, primero sobre los racimos y luego grano por grano”, cuenta Juan Bruzzone. El Grand Vin es una partida limitada de 9.500 botellas. Cabe destacar que la bodega logró destacarse como pionera en la elaboración de Malbec de alta calidad gracias a este gran vino (cosecha 1994) ganador del reconocido concurso en Burdeos en 1997 con el premio de excelencia “Civart”.

Y en 2019, Hervè Joyaux Fabre, quien fue distinguido como el Mejor Winemaker de vinos tintos del año en el marco de la edición 35º del prestigioso International Wine Challenge (IWC).

A lo largo de estos años, Hervé junto a su equipo han puesto de manifiesto una verdadera identidad de vinos, elegantes y equilibrados, logrando conquistar diversos mercados y reconocimientos tanto a nivel local como internacional.

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.