A mi juego me llamaron, porque degustar vinos es lo que más me gusta hacer. Es algo que disfruto con pasión y mucho compromiso. Sobre todo si es en un ambiente confortable, rodeado de profesionales del vino dispuestos a sumergirse en las copas sin importar el tiempo que demande.

Eso fue lo que sucedió hace muy pocos días en la casa de Daniel Sammartino, flamante bodeguero, co creador de SuperUco junto a los hermanos Michelini. Una pequeña bodega de grandes vinos que se ve desde la ruta 94 al pasar por la puerta de The Vines, en la “Villa de los Enólogos”, en el corazón de Tupungato, en pleno Valle de Uco.

La pasión y el buen gusto de Daniel queda de manifiesto en sus vinos que ya son considerados de culto; por ser limitados y de alto precio, pero más por su estilo. Y más aún por el potencial que demuestran todos ellos.

La confianza y el orgullo que sienten los protagonistas de SuperUco quedó plasmada en esta degustación inolvidable de 37 vinos, incluyendo los de la cena.

¿Por qué? Porque no dudaron en hacer competir a algunos de sus vinos con los mejores exponentes del mundo, sin importar cuál sería el resultado. Claro, ellos son los que más y mejor conocen sus vinos y el futuro que les depara, y eso es suficiente para codearse de igual a igual con quién sea.

La Degustación

Ambiente relajado, temperatura de servicio ideal, copas impecables, servicio de primera, y 30 vinos para degustar a ciegas dispuestos en cinco flights de seis vinos cada uno. (ver lista de vinos: http://www.fabricioportelli.com/2016/08/07/lista-vinos-super-degustacion/)

Matías, el más expuesto y experimentado de los hermanos Michelini, ofició de conductor. El mecanismo fue sencillo; degustar callados y a ciegas, anotar, calificar y elegir el preferido en la maesa de cada tanda, para luego descubrir los tesoros y largar la discusión.

Hace casi 20 años que degusto vinos, y he tenido la oportunidad de participar en diversos eventos. Recuerdo todos, algunos con mayor asombro por su contexto y los vinos. Además, el paso del tiempo agiganta (quizás por añoranza) las cosas. Pero confieso que esta cata ha quedado en mi Top 3, sin dudas.

Porque no solo pude compartirla con muchos amigos del vino (colegas, restauranteurs, sommeliers, formadores de sommeliers y enólogos), sino que además tuve el tiempo suficiente para “hablar” con cada vino. Y aproveché cada minuto para sentirlo y recordar, pensar e intentar descifrar de donde venía, cómo estaba y como estaría en los próximos años. Lo demás fue más fácil; describirlos, ponerles puntajes, elegir los preferidos y exponer mis argumentos cuando me lo solicitaran. Con la misma dedicación del primero al último.

Y si bien, a medida que pasaban los vinos el bullicio se acrecentaba, fue una degustación impecable que duró casi cuatro horas. A nadie le importaba cenar, siendo incluso la media noche. El poder de viajar con la mente y el paladar de los vinos es infinito, y más si se comparte.

Poder analizar lo escrito sobre cada vino antes de saber qué era me permitió sacar muchas conclusiones (ver más abajo). Pero hay algo que una vez más me queda claro: para mi los mejores vinos del mundo son los argentinos. Simplemente porque la sangre tira.

Resumen de La Cata

No es tan importante enumerar cada uno de los 30 vinos que participaron de la contienda, pero si exponer algunos datos para entender mejor los resultados y las conclusiones.

De los 30 vinos degustados, solo 3 eran de SuperUco entre las 11 muestras de tintos argentinos. Cabe destacar que se trató de los máximos exponentes actuales, fundamentalmente Malbec que arañan los 100 puntos de la prensa internacional. Francia fue el segundo país en cantidad de etiquetas (9), y no solo estaban los 5 1er Grand Cru Classé de Burdeos de una de las mejores cosechas recientes (2005), sino que también había etiquetas tan o más prestigiosas de otras zonas como Pomerol, Saint Emilion y el Ródano. Italia fue una de las revelaciones, porque con solo 5 vinos demostró su personalidad única. También España fue sorpresa, sobre todo a mano de variedades autóctonas como Garnacha y Mencía. Y completó la lista uno de los vinos más caros de Estados Unidos, referente de los Cabernet Sauvignon de Napa Valley.

1) El prestigio es de los grandes

Después de degustar estos peso pesados del mundo queda claro que al prestigio hay que construirlo. Porque más allá de la calidad está la personalidad de cada vino. Y una vez lograda, hay que sostenerla cosecha tras cosecha. Pero también cada añada debe poder trascender en el tiempo. Y en este rubro la Argentina aún no compite, simplemente porque carece de biblioteca de vinos.

2) El valor del reconocimiento

Degustar a ciegas es un simple juego lúdico, pero evidencia el poder que tiene una zona vitivinícola cuando está bien interpretada y se ha ganado un lugar. Italia con sus Sangiovese y Nebbiolo es un claro ejemplo de ello, porque más allá de la madurez que alcancen los vinos, la frescura de unos y los taninos de los otros son tan singulares como reconocibles. Algo similar pasa con los grandes vinos de Burdeos porque tienen un carácter propio en el que todo está equilibrado; la frescura, la fruta y las especias, y sobre todo la madera, con una concentración elegante, más allá de las diferencias entre cada botella.

En esta los vinos argentinos se sacan un Muy Bien 10 Felicitado. Porque todos remiten sin escalas a su lugar, incluso a su micro-región. Gualtallary y Altamira fueron los más elocuentes. Y puede ser que esto tenga que ver con la experiencia en la materia o con la localía de los degustadores, pero también con que el Malbec es muy fiel a sus principios si se lo elabora con respeto.

3) Crecer sin arrugas

Es algo así como mantenerse joven de por vida, y eso es propio de los grandes vinos del Viejo Mundo, que suelen demostrar una evolución súper lenta y desconcertar con su edad. Y es esa capacidad de trascender en el tiempo la que agiganta su prestigio.

Acá todo está por verse, porque son muy pocos (contados con los dedos de una mano) los vinos argentinos que han demostrado evolucionar favorablemente con el tiempo. Pero los nuevos vinos nacionales pintan para ser eternos. Veremos, veremos, después los beberemos.

4) Ser o no ser, ¿esa es la cuestión?

Me lo pregunto porque muchos vinos me han desorientado, más allá de la falta de práctica con ellos. Es que si un vino te lleva sin escalas a un lugar, y al bajarte te das cuenta que estás en otro lado ¿está bien?. El vino seguro que sí. Pero a los que nos gusta jugar con la mente y el paladar al mismo tiempo, seguro que algunos puntos resta. Porque no se entiende como siendo de una zona reconocida y a base de una gran uva, el vino remita a otro país. Estoy seguro que se pueden conseguir clientes alrededor del mundo, pero el prestigio así no se consigue. Por suerte en nuestro país pasa cada vez menos ya que los hacedores están bien preocupados en exprimir sus terruños y variedades con visión propia.

5) La madera como el sol, siempre está

Me parece genial que el roble siempre esté porque es uno de los mejores amigos del vino. El problema surge cuando quiere ser la estrella de la copa, porque más allá de sus usos, tostados y orígenes, el roble es siempre roble. Y el sabor que suele transferir a los tintos es bastante similar. Sin embargo, hay vinos que evidentemente se han hecho la fama y se han echado a dormir; en roble. Yo prefiero que esté pero que no se sienta tanto, tal como sucede con la mayoría de los nuevos tintos y blancos locales.

6) Pertenecer tiene sus privilegios

Claro que ser argentino tiene sus privilegios y eso se siente; con el paladar, con los sentidos y con el corazón. Porque el orgullo que aflora, simplemente por compartir el origen, al degustar una tanda de 6 vinos a ciegas y elegir uno nuestro como el mejor; más allá del reconocimiento de su procedencia; no tiene precio. Sobre todo si entre los otros había uno de los 1er Grand Cru Classé, el Merlot más famosos del mundo y uno de los íconos italianos.

De los tres vinos de SuperUco pude determinar de donde provenían. A uno elegirlo como el mejor de su flight, a otro en el 3er puesto (apenas detrás de dos de los mejores tintos españoles), y a otro en el 4to lugar (detrás de uno de los referentes del Ródano, otro de Italia y otro de Río Negro). Y como si eso fuera poco, se puede en algunas horas llegar hasta la bodega, visitarla y degustar los vinos con sus hacedores, que hablan el mismo idioma y son tan argentinos como uno.

7) Los puntajes suman, pero…

Desde hace más de quince años que califico todos los vinos argentinos que degusto y publico, un ejercicio muy entretenido para el cual me siento confiado y capacitado. Y entiendo que el puntaje es un dato más, que se suma a la descripción del vino. Pero el significado de una etiqueta va mucho más allá de la interpretación de un degustador profesional. Por eso no hay que guiarse solo por los puntajes sino interpretarlos como un número que aporta un dato más. Acá todavía la gente se guía más por las referencias internacionales aunque no conozcan quién sea el degustador de turno, ni cuánto conozcan nuestro país.

8) No hay vinos caros y baratos

Los precios son otro dato pero pueden llevar más a confusión que a otra cosa. Básicamente porque el concepto de caro y barato es de acuerdo a lo que cada uno tenga en su bolsillo. Además, los precios de los vinos (al no ser productos de primera necesidad) son inobjetables, y si tienen esos precios es porque alguien está dispuesto a pagar eso (o al menos eso es lo que el bodeguero quiere hacernos creer).

Pero analizando los precios promedios de los vinos degustados (obtenidos en www.wine-searcher.com) vi que al vino de más alto precio (u$s2811) lo elegí último en su flight, y fue de los que menos disfruté. Y tres de mis vinos preferidos (todos primeros en su flight) fueron de los más económicos (u$s122, u$s272 y u$s165). Claro que no solo es por lo que me pareció a mi. Los precios de los vinos tienen que ver con su prestigio pero también con la relación oferta-demanda, y cuando un vino logra trascender en el tiempo las pocas botellas que van quedando en el mercado se aprecian en todos los sentidos.

 

Los SuperVinos de SuperUco

La generosidad del dueño de casa está fuera de discusión. Pero lo que más rescato fue el atrevimiento de Daniel, porque presentar así sus vinos en sociedad es realmente un desafío que solo los que confían ciegamente en sus vinos se atreverían.

 

SuperUco  Gualta 2013

SuperUco Wines, Gualtallary, Valle de Uco

$ – $$ – $$$ – $$$$ (Ago2017 $2000)
Moderno Malbec (65%), Cabernet Franc (35%) cofermentado en barricas de roble de 500 litros y reposado durante 18 meses. Todo con levaduras indígenas y respetando la filosofía biodinámica. Todos sus aromas se sienten integrados y muy expresivos, con un carácter delicado frutal y herbal. No ostenta estructura pero si agarre y cierto músculo, con personalidad propia y una frescura compleja, con la madera asomando suave sobre el final. Es un tinto que habla del lugar, con buen potencial. Beber entre 2017 y 2020.

Puntos: 93

Genitori Gualta 2013

SuperUco Wines, Gualtallary, Valle de Uco

$ – $$ – $$$ – $$$$ (Ago2017 $2800)
Blend cofermentado a base de Malbec (63%) y Cabernet Franc (37%), cofermentado en barricas de roble de 500 litros y criado durante 20 meses. Todo con levaduras indígenas y respetando la filosofía biodinámica. Sus aromas son intensos y densos (también por sus capas) pero con equilibrio. Un carácter de fruta negra vibrante con algo ahumado, paladar fresco y herbal que hacen pensar en el lugar. Todo bien integrado y con un gran potencial que no está dado ni por su fuerza ni por su profundizad, sino por su expresión nítida y estructura delicada. Beber entre 2017 y 2022.

Puntos: 94

 

Genitori Mio 2013

SuperUco Wines, Gualtallary, Valle de Uco

$ – $$ – $$$ – $$$$ (Ago2017 $2800)
Blend a base de Cabernet Sauvignon (75%) y Malbec (25%), cofermentado en barricas de roble de 500 litros y criado durante 20 meses. Todo con levaduras indígenas y respetando la filosofía biodinámica. Sus aromas intensos hablan de un vino que está empezando a crecer y con todo por delante. Con ciertas notas vegetales típicas del Cabernet Sauvignon y unos taninos finos y firmes. Por ahora sus expresiones están algo contenidas pero su frescura y estructura le garantizan un gran potencial de guarda. Beber entre 2017 y 2025.

Puntos: 93

 

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.