Si estás leyendo esto seguramente seas a quién todos recurren en las reuniones familiares y de amigos a la hora de poner el vino. ¿Qué trajiste?, ¿por qué?, ¿qué es?, etc. Porque todo amante del vino se va convirtiendo, con el paso del tiempo, en la referencia de su grupo de pertenencia. En realidad el vino gusta a todos, y todos saben; pero la mayoría no sabe que sabe, y eso los aleja de la noble bebida.

Pero en nuestro caso es diferente, estamos acá para acercar más gente al vino y poder compartir nuestra pasión, copas de por medio.

Las fiestas son la ocasión ideal para sorprender a los demás, y no solo a la hora del brindis. Los espumosos copan la parada, y está bien que así sea, más allá del trabajo que se viene haciendo para desestacionalizar el consumo.

Pero los espumantes siguen siendo los más elegidos para celebrar. La navidad, un año que termina; con todo lo bueno y lo malo que pasó; y uno que empieza, siempre son motivos para festejar. Y ahí a las burbujas no hay con qué darle.

Además, en nuestro país las fiestas son en verano, y si la idea es que todo lo que se sirva en la mesa sea variado y frío, el vino también debe servirse variado y frío.

Claro que hay un sin fin de blancos, y que los rosados actuales están mejor que nunca, incluso que hay muchos tintos que se pueden servir refrescados. Pero es momento de burbujear, por eso la idea es proponerte una selección de espumantes capaces de acompañar toda la reunión festiva. Recordando que siempre es mejor probar más de una etiqueta que repetir el mismo vino, al menos varias veces y en la misma ocasión. No es divertido; como tampoco es comer lo mismo toda la noche.

 

Cómo elegirlos

Lo que parece difícil es realmente sencillo, solo hay que dedicarle un rato para armar la lista.

Pero antes un tip infaltable; servir los espumosos en copas de vino blanco. Ni de Champagne (flautas) ni copones de tinto, las de cáliz mediano y boca ancha son las mejores, porque el espumante ante todo es… un vino. Y servido en este tipo de copas hasta la mitad, se lucen más, siempre y cuando tengan atributos para entregar.

 

La cantidad a definir tampoco es una tarea complicada. Con una botella se pueden servir diez copas. Es decir que si son diez los invitados, será una botella por cada etiqueta a servir, y quizás de alguno en particular se pueda pensar en una segunda vuelta. Recordar que cuando hace calor las personas suelen tomar más. Por eso siempre tiene que haber agua fresca (con y sin gas) a mano para todos, ya que la sed se saca con agua, y no con vino.

Pero yendo a lo importante, qué vinos elegir. Acá no hay que preocuparse tanto por los estilos, sino más bien hay que pensar en los momentos.

La recepción, ese primer contacto con los invitados, esa copa de bienvenida es muy importante. Pero atenti, que si la vara se pone muy alta desde el vamos, después no se puede bajar. Lo mejor será optar por un vino clásico, un brut o extra brut de los conocidos, de los de siempre, de esos que no fallan, y obviamente servido a temperatura frappe. Para ello lo mejor será poner todas las botellas en un gran recipiente (la bañera es ideal), con mucho hielo y un colchón de agua. A las dos horas todas las botellas estarán a temperatura óptima. Quizás salgan de allí algo frías, pero por el calor que reina en las fiestas, los vinos rápidamente se acomodan en las copas.

Y si la recepción se alarga, porque no todos llegan a la misma hora, entonces hay que tener un back up. Acá si, con los paladares ya entonadas, se puede subir un poco la apuesta e ir pensando más en uno de aperitivo, que limpie y prepare las papilas mientras llegan los demás invitados. Uno más original, uno que sorprenda por variedad o estilo.

Ya con los primeros bocados dando vuelta puede salir al ruedo un rosé, que llamará la atención de todos. A esta altura, el solo cambio de las etiquetas hará que cada uno te pregunte antes de ser servido, de qué se trata. Y si bien el protagonista de la fiesta no es el vino, será sin dudas uno de los principales atractivos.

A todo esto, con las copas más visibles (por ser de vino blanco), y por la diversidad de la propuesta, todos estarán hablando de vos, anfitrión e ideólogo del paseo de burbujas propuesto, preguntándose cuál es el que sigue.

Aclaración importante, colocar un par de fraperas en el salón junto a una jarra de agua para que cada invitado enjuague su copa para recibir al próximo vino.

Ese el momento de subir la apuesta. La hora de pensar más en los maridajes, en vinos secos (Nature o Brut Nature), con más estructura. Seguramente un Champenoise con mucho tiempo sobre borras, con una acidez firme y burbujas finas para resaltar los sabores y texturas del plato, sea en la mesa o de parados.

Si hay un segundo paso, otro principal, o simplemente se acabó el primero en la mesa, ir por la segunda opción, en la misma línea. Acá se puede jugar con vinos del mismo estilo pero de diferentes zonas, por ejemplo. O ir de menor a mayor tiempo sobre borras.

Antes de los postres, descorchar un tapado, ese que nadie conoce y que es una rareza, ya sea nacional o importado, un mimo antes de las 12.

Para el brindis, después de tamaño despliegue es el turno de tu elegido, simplemente por una cuestión de gusto; igual, a esta altura de la fiesta todos estarán rendidos a tus pies.

 

 

Cuáles elegir

Para abrir la recepción el Cosecha Especial Extra Brut de Norton ($236) de uvas Chardonnay, es un clásico que no pasa de moda y cada año está más refrescante y mejor logrado. El Navarro Correas Extra Brut ($200), es otro de los espumosos argentinos que mantiene su nivel, siempre de la mano de la enóloga Celia López. Ambos nombres son sinónimo de constancia y consistencia.

Si empiezan a llegar los bocaditos, hay que pensar en espumosos más con perfil de aperitivo, es decir con mayor acidez y tensión. El Alma 4 Viognier (va por la cosecha 2013, $380) siempre fue refrescante. Pero desde el 2011 toda la uva proviene del Valle de Uco, y eso se nota en un paladar mucho más sostenido y con la seriedad que le aportan los 40 meses sobre borras. Siguiendo por el mismo camino y apostando más a las novedades de pequeños productores, el Vinyes Ocults Extra Brut ($300) es un espumoso a base de Pinot Noir con carácter, frescura y expresión. Por su parte, el nuevo Finca Suarez Brut Nature ($350) ahora es puro Pinot Noir de Paraje Altamira, con 18 meses sobre borras y sin dossage. Es decir que a toda la tensión del terroir se le agrega la austeridad de un paladar seco y equilibrado. El Lui Brut Nature ($280) del Japo Vegetti es un espumoso de autor, con buena presencia en boca y un paladar envolvente.

Si avanza la comida y aparecen las carnes, blancas o rojas, frías o calientes, es buen momento para sorprender con los rosados, que cada vez son más. El Alyda Van Salentein ($430) es el nuevo espumante de alta gama de Bodegas Salentein, es el único elaborado con uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier (las tres autorizadas en Champagne), provenientes del Valle de Uco. Y si bien no es un rosé, su aspecto y estructura, más allá de su paso elegante, lo convierten en un buen compañero de carnes blancas y frutos de mar. El flamante H. Schroeder Brut Rosé ($550) de Familia Schroeder combina la experiencia de Leonardo Puppato (enólogo) con las burbujas y en el terruño de San Patricio del Chañar. De buen volumen y paso delicado. Para los amantes de lo clásico también hay una novedad, porque López lanzó el Montchenot Rose ($350), blend de Pinot y Chardonnay con toque de Malbec para resaltar su atractiva tonalidad. Pero hay un campeón en esta categoría, y del mundo. Sí, el Chandon Brut Nature Rosé ($265) argentino se ha impuesto por sobre sus pares internacionales; incluyendo muchos de Champagne; confirmando el know how que la casa champañera desarrolló durante más de cincuenta años en nuestro país. Es un vino austero, de burbujas muy finas y una frescura totalmente equilibrada.

Si avanza la comida hay que avanzar con los espumosos, todos secos y con cierta estructura. El Fabre Montmayou Brut Nature ($480) es un blend de Chardonnay (60%) y Pinot Noir (40%) de Luján de Cuyo y el Valle de Uco, respectivamente. Es un espumoso fresco y vibrante, con buena estructura para llevar y servir en la mesa. También el Cruzat Cuvée Reserve Nature ($390) es una fija, con su paladar voluptuoso y carácter delicadamente maduro. Detrás del María Codorníu Reserve Brut Nature ($440), no hay secretos, sino siglos de experiencia haciendo Cavas en España, y eso se nota en este espumante limpio, franco y con cierta complejidad final. Una figurita difícil de conseguir pero que vale el esfuerzo es el A Crux Brut Nature NV ($650), es un blanc de blancs de Chardonnay (cosechas 12 y 13) que ostenta muy buena frescura, se mantiene con equilibrio y sobre el final empieza a asomar la complejidad. Y si se quiere (y se puede) festejar a todo lujo el Rosell Boher Grande Cuvée Millésimée 2014 ($990) es el elegido, porque ya lleva 15 años desde que asomó al mercado su primera cosecha (1999), y Alejandro “Pepe” Martínez sigue afinando sus burbujas, con un carácter propio, volumen y frescura. Todo integrado pero a la vez consistente, ideal para acompañar carnes rojas grilladas.

En la sobremesa, antes que los dulces dominen la escena, y siempre y cuando no haya apuro, es un buen momento para sacar a relucir alguna rareza. Puede ser Champagne; ¿por qué no?, aprovechando que la mayoría de las etiquetas más importantes del mundo están de regreso (leer nota publicada en INFOBAE (http://www.fabricioportelli.com/infobae-burbujas-vip-champagnes/). Algunas de las mejores opciones son los Champagnes Premium de Louis Roederer como Cristal Vintage 2009Louis Roederer Brut Premier 2011 o Louis Roederer Brut Rosé 2011.

Pero acá también se hacen rarezas, como el flamante de Viña Las Perdices; Vino Espumante sobre Borras Nature, al que se le realiza el degüelle en el momento del servicio, por eso se presenta con la tapa corona original del proceso de estiba y la etiqueta invertida. Otra opción es el Soigne Magnum Brut Nature 2011, un blend de uvas Pinot Noir, Semillón y Chardonnay, provenientes de viñedos propios en El Peral (Valle de Uco), y que regresa al ruedo después de la cosecha 1997, demostrando que en botella Magnum el vino evoluciona mejor.

Pero lo más importante es el brindis, el momento de los abrazos y de mirarse a los ojos con los seres queridos chocando las copas, y por eso hay que aferrarse a una etiqueta querida o admirada, que te una algún tipo de sentimiento o simple predilección, algo especial que quieras compartir con los tuyos. Por eso deben ser etiquetas consagradas, como las de Luigi Bosca, que con su Brut Nature ($460) propone un vino completo, con frescura y texturas elegantes y sabores delicados. Y para los que prefieran brindar con un vino más tenso pero también austero, el Blanc de Blancs Cuvee Especial de Zuccardi ($880), es ideal. Salud y felicidades.