Cada vino tiene su momento, incluso algunos su estacionalidad. Hasta hace pocos años los espumantes eran exclusivos de celebraciones y las fiestas de fin de año. Pero poco a poco el vino empieza a calar más hondo en nuestra sociedad, y esos paradigmas se van rompiendo. Sin embrago hay un vino al cual le cuesta asomar la cabeza más allá de su momento de gloria. Se trata del rosado, el vino que renace en cada primavera.

 

El mejor vino en Primavera

Dejando los tecnicismos cualitativos de lado, podemos decir que no hay mejor vino que un rosado del año cuando el sol vuelve a calentar, las flores vuelven a ser protagonistas y los pajaritos están de fiesta.

En primer lugar porque son vinos nuevos, por eso se llaman del año. Es por ello que ya empiezan a aflorar los rosados 2015. Y cuando un vino es nuevo, tiene toda la fuerza y la vitalidad lista para ser disfrutada. Esas expresiones, de aromas y sabores, poco a poco se irán apagando en el tiempo. Algo que a los buenos tintos no les pasa, ya que poseen una mayor estructura y más cantidad de componentes que les permiten seguir evolucionando en botella y hasta mejorar a lo largo de varios años. Pero los vinos rosados fueron creados para agradar al primer impacto. Su gracia está ahí, en su efusividad. Pueden ser frutales o florales, pero siempre serán refrescantes y vivaces. Por nuevos, pero también por elaboración. Esto significa que el rosado no es, ni llegará a ser nunca un gran vino. Simplemente porque ese no es su propósito.

El vino rosado para poder destacarse obviamente debe estar bien logrado, pero fundamentalmente debe agradar a la primera copa, sin exigir tanta atención. Es decir que debe gustar sin complicaciones. Sus aromas y sabores deben ser francos, y estar en sintonía. Cada trago debe causar placer más allá de refrescar el paladar. Y como su consumo suele ser informal; al empezar la reunión, de parados o al costado de la pileta; también debe ser versátil. Y no perder su gracia ante la variedad de bocados con los cuales puede llegar a servirse.

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Pasado para el olvido, gran presente y mejor futuro

Lamentablemente en el imaginario colectivo el vino rosado está desprestigiado. Muchos que se la dan de conocedores lo tildan de “vinito”, ni blanco ni tinto. Incluso los más prejuiciosos lo catalogan de vino para mujeres o para homosexuales. Nada más lejos de la realidad. En primer lugar porque el vino no distingue ni sexo ni condición sexual. Y luego porque cada uno es libre de elegir tal o cual vino en función a la ocasión de consumo.

Y ahí es donde el vino rosado logra destacarse por sobre sus pares; dependiendo del momento, el lugar y la compañía.

Por ejemplo, durante un atardecer, mientras van llegando los amigos y se los recibe con algo para picar, tener un rosado en la frapera y servirlo bien fresco, puede ser el comienzo de una gran noche. También como aperitivo va muy bien, sobre todo en la previa de los asados al pie de la parrilla, con achuras. Y ni hablar en la mesa con ensaladas, o con arroces tipo valencianos.

Para los sommeliers el vino rosado es el comodín, el único capaz de agradar a todos los comensales en una mesa que pidan platos diversos. Ya que se adapta muy bien a carnes rojas grilladas, a pescados y pastas. También si la comida viene caliente o a temperatura ambiente, el rosado se acopla perfectamente. Es decir marida con la pizza o con el sushi.

Como en todo la clave está en la calidad. La gran mayoría de los rosados que se tomaban en la época de nuestros abuelos por suerte ya no se consiguen. Hoy hay dos tipos de vinos rosados. Los concebidos desde la viña y los elaborados a partir de una sangría de un tinto importante. Es decir que para lograr mayor concentración de un vino tinto, luego de una corta maceración para teñir algo el jugo, se separa parte de este y se continua la fermentación con el total de los sólidos (hollejos y semillas). Y por consiguiente, dicho vino quedará más concentrado. Ese jugo apenas teñido retirado al principio, continua su fermentación como un blanco. El tema es que esa uva originalmente estaba pensada para un tinto importante. Y por eso, el rosado sale con mucho color, muy potente (en su grado alcohólico), y sin tanta frescura.

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Pero hay muchos que entendieron que el vino se hace en la viña. Y por ende, si se va a concebir un rosado, la uva debe estar cuidada y preparada para tal vino. Cosecharla con un grado potencial moderado (11 a 12,5 grados), y una elaboración delicada para poder preservar todos sus perfumes y frescura.

Es muy fácil detectarlos. Estos últimos suelen tener un color más tenue, de un rosado pálido pero siempre brillante. Pueden venir color piel de cebolla (tirando al naranja) o más bien al rojo cereza, pero siempre su tonalidad no debe ser tan profunda, porque eso delata exceso de concentración. Una vez en la copa, regalan perfumes frugales, en donde el alcohol ni se siente. Y su paso por boca suele ser tenso y amable, tan refrescante como agradable, sin abusar del azúcar residual. Así son los nuevos rosados que están revolucionando el consumo vínico aquí y en el mundo, y que seguramente serán la base de los muchos más que van a llegar este 2015 y en un futuro cercano.

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Cómo disfrutar mejor un vino rosado

Toda cuestión de gusto requiere un trabajo de búsqueda. Por suerte en este caso se trata de una muy entretenida. Porque probar para detectar cuál o cuáles son de nuestra preferencia es una tarea por demás divertida.

Hay que entender que se puede hacer vino rosado de cualquier uva tinta. Pero las que han demostrado mejores resultados son Malbec y Pinot Noir; y más recientemente Cabernet Franc, aunque también hay de Syrah, Merlot y Petit Verdot. Siempre deben ser del año. Es decir que en esta primavera 2015 hay que estrenar los rosé del mismo año. Y en lo posible las bodegas deben apuntar para que se les agoten antes que finalice el próximo verano. Porque más allá de situaciones gastronómicas puntuales, este vino quedará muy relegado de las preferencias. Y encima, con el paso de los meses el vino empieza a perder su gracia. Puede mantenerse vivo, pero ya no agradará como en primavera o verano. Los de tapa a rosca son un buen indicio, porque la tecnología es amiga del vino, y esta tapa es ideal para los vinos que se disfrutan bien jóvenes.

La temperatura de consumo es importante, pero tampoco condicionante. Es decir que el vino debe estar bien fresco. Pero no importa si se olvidan la botella en la frapera o en la heladera, y llega a la boca helado. Se supone que será bienvenido por la temperatura ambiente, pero además porque no suele ser un vino protagonista desde su exigencia. Si llama la atención será por su gracia y no por su complejidad. Y en definitiva, si hace calor, mejor así porque el vino se atemperará muy rápidamente. Su informalidad es directamente proporcional a su gracia. Esto significa que puede servirse en vasos sin problema. También con hielo si la temperatura ambiente es excesiva, o incluso como protagonista de una sangría con frutas tropicales (no cítricas) de estación.

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Nombres para ponerse rosado

Si bien la categoría ha crecido mucho, no son mayoría los vinos rosados para recomendar. Atentos, estos son algunos nombres para tener en cuenta a la hora de elegir un rosé 2015:

L´Argentine de Malartic (Diamandes), Serie A Malbec Rosé (Zuccardi), Jean Rivier Malbec Rosé, Plop (Gen del Alma), Kaiken Rosé, Mainqué Rosé Pinot Noir (Chacra), Cuvelier Los Andes Rosé, Argento Rosé, Piatelli Reserve Rosé, The Apple Rosé (Matías Riccitelli), Syrah Rosé (Santa Julia), Sylvestra Pinot Noir Rosé (Familia Bressia), Finca La Anita Rosé, Carmela Benegas Cabernet Franc (Benegas), Rosa de los Vientos Brut Rosé (Familia Schroeder), entre muchos otros.

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Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.