En febrero de este año comenzó una batalla político-legal entre el sector vitivinícola y la Ciudad de Buenos Aires. La disputa era la inclusión del vino en la prohibición de realizar publicidad en la vía pública, algo que la industria sintió como un golpe bajo, ya que se trata del centro de mayor consumo de vinos argentinos del mundo.

En la casa de la provincia de Mendoza de la Ciudad de Buenos Aires se reunieron autoridades del sector vitivinícola y legisladores provinciales para “decirle” (por la vía judicial) al gobierno porteño que su flamante Ley 5708 era inconstitucional. Es decir que todo el sector le fue con los tapones de punta a Horacio Rodríguez Larreta y. Y a decir por algunos de los discursos, de paso aprovecharon la oportunidad y le pegaron al oficialismo todo.

Al vino le vino mal esa politización, aunque la solución del problema ha llegado por esta vía luego de seis meses de negociaciones.

 

¿Cómo surgió el problema?

A raíz de las trágicas fiestas electrónicas de Costa Salguero, el gobierno porteño tomó la decisión de prohibir la publicidad en vía pública de todas las bebidas alcohólicas como parte de un plan del control de adicciones de los jóvenes. Y obviamente dicha ley ciudadana incluyó al vino.

Esto fue mal recibido por el sector vitivinícola en su conjunto, sobre todo porque además llegó en un momento de retracción de las ventas y caída del consumo per cápita.

No obstante, fue la primera vez que las bodegas se preocuparon por la publicidad del vino; aunque solo se tratara de una limitación en la vía pública en una zona específica, y no en TV, web, radio, medios gráficos o carteles en cualquier otro territorio del país.

En buena hora que la industria se dio cuenta de la importancia de la comunicación para formar al consumidor y promover su buen consumo, como estrategia para revertir las tendencias y convencer a nuevos consumidores de los beneficios del buen vino.

La Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR – entidad pública no estatal conformada por las cámaras del sector, las provincias productoras, el INTA y el INV) se opuso desde el primer día, basándose en la inconstitucionalidad. Porque la nueva norma porteña se contradice con la Ley Nacional 26870 que puso en valor al vino argentino al declararlo Bebida Nacional. Ley que también reglamenta el comercio y la publicidad, incluyendo estrictamente el tema del alcoholismo y la vialidad. Es decir que la publicidad en vía pública del vino (y las bebidas alcohólicas) ya estaba regulada a nivel país.

Pero es lamentable que la industria haya tomado la Ley 5708 de CABA como un ataque al vino argentino. Porque si bien es cierto que adelante de un cartel en la vía pública pasan muchas personas diariamente, ¿a cuántas de ellas les llama la atención el vino? Y en todo caso ¿cuántas personas van a comprar una botella por ese mensaje? o ¿van a dejar de comprar un vino las personas que no vieron el cartel?. Además, la norma ciudadana no desconoció que se trata de un alimento ni que es una bebida saludable si se consume moderadamente. Mucho menos se metió con las economías regionales y las 120.000 familias que viven del vino en el NOA, haciendo del sector la mayor economía regional de toda esa zona.

Pero en aquella oportunidad el ex gobernador de San Juan y actual diputado (y presidente del Partido Justicialista) José Luis Gioja sostuvo: “vengo a adherir fervorosamente al pedido de Coviar, es una injusticia muy grande que se impida la promoción de una bebida bíblica como es el vino. Estas medidas son absolutamente discriminatorias y es obligación de los legisladores de defender al vino en su lugar de bebida nacional”. Por su parte, Hilda Wilhelm, presidente de la Coviar en aquel entonces, recordó los fundamentos del PEVI 2020, el plan estratégico de la industria puesto en marcha a comienzos del milenio, con el propósito fundamental de lograr una actividad sustentable y diversa, integrar a los pequeños productores a la cadena, y promocionar al vino, entre otras cuestiones. Según ella, que además es productora, “la vitivinicultura se ha visto amenazada en sus ejes fundamentales como es la promoción y la integración. La idea de presentar la acción de inconstitucionalidad es para resguardar los intereses de dicha economía regional”. Esto evidenció la politización del tema, aunque a nadie se le ocurrió hacer un estudio para determinar cuán grave podía llegar a resultar dicha prohibición. Es decir, cuántas menos botellas se venderían o cuánto más caería el consumo per cápita sin carteles publicitarios por las calles porteñas. Ninguna de las autoridades presentes se apartó de su discurso, con mensaje políticos incluidos. Los del vino hablaron de todas sus bondades naturales, mientras que los de la política hablaron de la gravedad y la inconstitucionalidad de la medida.

Con argumentos legales (inobjetables al parecer) se inició un juicio, a la vez que el legislador Luis Petri presentó un proyecto para que el Congreso de la Nación le pida explicación a la Legislatura Porteña, y en todo caso exceptué al vino.

En la otra vereda estaban los legisladores porteños, que opinan y regulan sobre los espacios públicos de la ciudad, y habían decidido sancionar la norma incluyendo al vino simplemente por ser una bebida alcohólica. Aunque el vino se comparta y difícilmente llame a los excesos como las demás bebidas con alcohol, o tampoco forme parte de “las previas” de los jóvenes de hoy, o sea una bebida noble y natural, además de la Bebida Nacional. Pero ante la necesidad de controlar los excesos de los jóvenes porteños se tomó la medida.

Luego de seis meses de lobby la industria del vino argentino obtuvo un compromiso político por parte del Ministro de Agroindustria Ricardo Buryaile, de crear una resolución para eximir al vino de dicha normativa, por ser Bebida Nacional. Pero el paso más importante para destrabar la situación fue el acuerdo al que llegaron el Gobernador de Mendoza (Alfredo Cornejo) y el Jefe de Gobierno de la Ciudad (Horacio Rodríguez Larreta), en una reciente reunión con las diez bodegas más importantes y que más publicitan, y representantes institucionales del sector. Porque no solo el vino va a volver a verse en los carteles de vía pública de la ciudad, sino que además las bodegas (y ya no solo organismos o eventos culturales) deberán incorporar (al menos en el 10% del espacio) la leyenda de “Vino Argentino, Bebida Nacional”, algo que hasta hoy muchos desconocen.

 

 

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.