Otronia es, como muchos otros, un sueño cumplido. Pero no se trata de “otros” vinos patagónicos, sino de nuevos y únicos exponentes. Porque cuando se desafían los límites de la naturaleza, y se llega donde nadie antes había llegado, su funda un nuevo lugar. En este caso, una nueva bodega con impronta totalmente original. Y aunque se sabe que original y calidad no son sinónimos, en este caso de dan ambas, porque las pretensiones de Alejandro Bulgheroni (el reconocido empresario petrolero) en el mundo del vino son muy serias.

Todo empezó puertas adentro, en medio del aterrizaje del Bulgheroni en el vino, que incluyo la sociedad con Carlos Pulenta en Bodega Vistalba, y la creación del Grupo Avinea, para integrar a todas las demás bodegas nacionales (Argento, Frida, Pacheco Pereda, Otronia, etc.), e internacionales (Garzón de Uruguay, por ejemplo).

Está claro que cada bodega en el grupo debe cumplir una función, y no deben pisarse, más allá de compartir clientes alrededor del mundo. Pero cada vino debe tener su foco y razón de ser particular, y entre todos aportar al equipo. Y si bien Vistalba juega por fuera, ahí compite en la alta gama con vinos mendocinos de la Primera Zona y del Valle de Uco. Avinea produce vinos argentinos en todos los segmentos, también en Uruguay, aunque en menor escala. Pero en Estados Unidos e Italia, el foco está puesto en bodegas medianas y pequeñas de grandes vinos.

Conocedor de las infinidades patagónicas, y con la curiosidad innata del buscador, Bulgheroni encontró un lugar alejado del mundo, inmerso en un paisaje sin igual, pura naturaleza. Y allí se imaginó hace diez años hacer vinos.

Otronia: la historia de una nueva zona

Muy cerca del límite con Santa Cruz, y casi al centro de la provincia, a orillas de lago Musters; también conocido como Otrón; Bulgheroni hizo plantar 50ha, de las 70 que hoy cuenta la provincia en tres zonas.

Llegaron allí por el petróleo, y está claro que, en un futuro próximo, el corredor petrolero Mendoza-Neuquén-Comodoro, le va a venir muy bien al reconocimiento de la flamante región vitivinícola. 
Pero los que lo conocen saben que Alejandro no da puntada sin hilo. Antes investigó las condiciones del suelo, y sobretodo del clima, porque realmente se trata de un lugar extremo.

En los papeles es contundente hablar del “viñedo más austral del mundo”, a 45,33 Latitud Sur, incluso debajo de Central Otago en Nueva Zelanda. Pero en la realidad implica mucha inversión, y mucho más riesgo, en pos de lograr vinos únicos y extremos. “Allí no hay influencia marítima, pero si de los vientos del Sur, que aportan mucho carácter al lugar”, explica Juan Pablo Murgia, el enólogo responsable de todos los vinos de la casa.
Curiosamente la flora nativa está dominada por tres hierbas (Tomillo, Boldo y Menta), que también les imprimen un carácter diferente a los vinos. 
Los vinos blancos terminan con pH de 3/3.1, y las bases para espumosos con 2.8, esto explica la tensión y la frescura sostenida, natural y marcada de los vinos.

Maximiliano Roca (Director Comercial) es el responsable de hacer conocer estos vinos en el mundo, y está en el proyecto desde el vamos. Y por lo tanto, conoce como pocos los vinos de Otronia, ya que como sommelier, participó de su génesis y también se involucra en todo el proceso, dando su opinión y analizando el feedback de los diferentes mercados.
En Otronia no se habla de una nueva bodega sino de una nueva zona, “La Patagonia Extrema”, aunque en la inmensidad de la región, que ocupa el 33% del territorio nacional (y posee solo el 6% de la población), haya muchas zonas extremas, esta es la única referida a la vitivinicultura.
Allí, en el último valle productivo de la Patagonia, a orillas del Lago Musters hay mucho viento constante, y la influencia del mar no llega porque la presión del viento cordillerano es muy fuerte. Además, el clima es más desértico que en Mendoza, ya que solo llueven 200 mm al año.

En un campo muy grande, dedicado a la producción de cerezas, se comenzó en 2011 con 50ha para ensayo de vinos espumantes. Alejandro Bulgheroni quería un proyecto de vinos Patagónicos, y conocía muy bien la zona por tener dos emprendimientos de cerezas, uno en Río Negro y el otro en Chubut. Y se decidió por este último para dar vida a sus vinos patagónicos por ser un lugar más desafiante.

Hoy, con la cosecha 2020 serían ocho verdes, es decir que ya ha dado cinco cosechas de uvas aptas para vinificar.
Al principio se realizó un escaneo de los suelos para determinar qué y cómo plantar. Y ahora están trabajando con Guillermo Corona (Geólogo y autor del libre “Geografía del Vino” sobre el Valle de Uco). Ya sabían que Sarmiento; el pueblo donde está la finca, posee suelos estilo Borgoña, calcáreos y con mucha roca fragmentada y limos. Las calicatas demostraron la heterogeneidad de los suelos. Así se crearon dos grandes bloques, denominados chacras como se acostumbre en la zona. A su vez, cada chacra está dividida en bloques (Blocks) por tipos suelos y riego, y fueron plantados con porta injertos diferentes. La selección de las variedades fue en función a los vinos que se querían elaborar, pero los clones se eligieron más por el clima. Cabe destacar que la región posee las temperaturas más frías del mundo, y que todo el año hay heladas, desde la brotación hasta la cosecha. Esto obligó desde el vamos a desarrollar un sistema muy efectivo y potente para proteger los frutos. Por medio de aspersores estratégicamente ubicados en el viñedo y controlados por computadora, se congelan las capas externas de microgotas de agua, logrando un “efecto iglú”, el mismo que utilizan para las cerezas. Y si bien es un sistema complejo y complicado, es una manera de muy efectiva de combatir la adversidad en un clima extremo.
Pero el factor climático más interesante por su influencia en el carácter de los vinos es el viento, porque fortaleces a las vides y las obliga a desarrollar pieles más gruesas con mayor concentración de polifenoles.

Este marco imponente dominado por la naturaleza, donde el hombre solo puede acomodarse un poco para acoplarse, permite el manejo orgánico de todos los viñedos. Además, están certificados. “Acá tenemos que hacer muchas menos curaciones, solo contra el oídio por ser el hongo del desierto, pero el viñedo es natural por naturaleza”, afirma el joven enólogo.

Vinos patagónicos y extremos

Si bien la idea de Juan Pablo Murgia y Alberto Antonini (asesor del Grupo Avinea) es elaborar con la menor intervención posible, la bodega es linda y práctica, con toneles de 5000l, porque si bien son partidas pequeñas de vinos, el oxígeno les hace bien. 
Por ahora hay dos líneas y cuatro etiquetas (dos de cada una). Por un lado 45 Rugientes, inspirado en la latitud y en el nombre que los navegantes europeos le daban a los vientos cuando se acercaban a la costa; rugientes, bramantes y aulladores.
Juan Pablo destaca que la madurez de las uvas y su pH es el que todo enólogo sueña tener, “acá hay un 50% más de ácido málico que en Valle de Uco”.
En los Rugientes se mezclan los vinos, que primero son vinificados separados por bloque, y luego clasificados. Así el Blend de Blancas 2017 es de Gewurztraminer (60%), Pinot Gris (30%) y Chardonnay (10%).

Si bien la generación de enólogos de Juan Pablo se destaca por todo lo que están haciendo en viñedos y bodega, en estos vinos no puede hacer tanto. No hay agregado de levaduras ni nutrientes, se elaboran casi sin intervención, “hay que esperar unos 20 días para que comiencen las fermentaciones”, cuenta.
Por su parte, los Otronia son vinos de bloque, seleccionados por su carácter distintivo, “son vinos a los que hay que darles tiempo en la copa porque son multicapas”, explica Maximiliano Roca.

Sin duda Otronia va a marcar un punto de inflexión en la historia del vino patagónico, porque más allá de trascender los límites vitícolas, está proponiendo otra dimensión vínica solo con exponentes de alta gama, y con un carácter único que habla del lugar. Porque simplemente no es otro vino patagónico.

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.