Por segundo año consecutivo, y por iniciativa del Ministerio de la Producción de la provincia, con el apoyo del Consejo Federal de Inversiones (CFI), La Rioja organizó su particular concurso de vinos. Como la primera vez, la finalidad fue promocionar y avanzar en posicionar el vino riojano, sus varietales y sus orígenes. Por ese motivo se denominó a esta edición “el Origen del Torrontés Riojano”, buscando afianzar y dar a conocer cuál es el origen de esta cepa, que es la embajadora local. Pero más allá de las intenciones formales de los organizadores, el propósito fundamental sigue siendo buscar el camino de la evolución para todos sus vinos, con el Torrontés Riojano como insignia indiscutida. Al tiempo que revalorizar la labor de los productores caseros y artesanales, así como también a las bodegas.

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Pero no es fácil someter y convencer a los hacedores de ser juzgados cualitativamente. Y acá es donde el trabajo de personajes como Silvio Salvadores y José Turbay, más se nota. Ya que fueron los responsables no sólo de colectar los vinos, sino también de diseñar un plan estratégico para mejorar todos los vinos de La Rioja.

Para el concurso, se realizaron dos degustaciones a ciegas con profesionales del vino, una en Chilecito y otra en Buenos Aires. Participaron más de 60 bodegas con casi un centenar de vinos evaluados en ambas sedes, contando productores caseros, artesanales y bodegas.

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El periodista Daniel López Roca, anfitrión de la cata en Buenos Aires en su flamante espacio de vinos Acha Club, remarcó la importancia de este tipo de eventos al expresar que “nadie compra lo que no conoce y nadie recomienda lo que no conoce”. Pero también estuvo representada la gastronomía local, de la mano del cocinero radicado en Chilecito Gustavo Popóv, quien expresó “estamos acompañando al sector vitivinicultor que consideramos un pilar para nuestro rubro, en lo que respecta a la consolidación de las economías regionales y en la búsqueda de la identidad de la provincia, el vino es fundamental”. Además, afirmó que “el Torrontés Riojano es nuestra nave insignia, es la cepa original y la que debemos  posicionar y defender  a nivel mundial, como así también defender su denominación de origen y me parece que en eso está centrado este concurso”.

 

Son varios los riojanos que quieren imponer su blanco insignia porque es la variedad más implantada en su provincia y al representar un consumo menor (ya que se consumen  más vinos tintos), saben que la única chance de éxito es salir a jugar con la calidad, y así poder demostrar las características distintivas del origen del Torrontés en las copas. La Rioja es pionera en su producción desde hace más de 400 años, cuando ingresó el varietal al país.

Es importante destacar que estuvieron representadas la mayoría de las bodegas y de los establecimientos de vinos caseros y artesanales de la provincia. Todos preocupados porque la provincia vuelva a posicionarse como una región productora de vinos de gran calidad.

 

De los vinos degustados

Con la misma metodología en ambas catas y la participación de sommeliers, enófilos, periodistas especializados, enólogos y referentes de la gastronomía, desfilaron los vinos. Y al cabo de dos jornadas de trabajo, se eligieron los más destacados en cada categoría, a los que en Diciembre pasado se les entregó el premio correspondiente en Chilecito; donde se produce el 90 por ciento del vino de la provincia.

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El servicio de los vinos estuvo a cargo de la reconocida sommelier Rosy Braile, de los cuales el 60 por ciento perteneció a bodegas, y el resto a vinos caseros y artesanales. De un año al otro, se notó una diferencia a favor en cuanto a los vinos caseros y los artesanales, lo cual demuestra que las críticas constructivas de la primer edición fueron bien aprovechadas. Y esa es una gran noticia ya que el recorrido por los caminos del vino riojano está lleno de pequeños productores, que con pasión y mucho esfuerzo aportan a la cultura de la región.

Pero los vinos que se consiguen en vinotecas, supermercados y restaurantes del país, provenientes de la provincia, son los de las bodegas.

Con La Riojana como nave insignia, una de las cooperativas vínicas más importantes de Sudamérica. Sus trabajos con el Torrontés de la mano de Rodolfo Griguol han sido claves en la evolución cualitativa del cepaje y, fundamentalmente, del vino Torrontés Riojano.

Pero hay otras bodegas con el foco puesto en la calidad, como San Huberto y La Puerta. Por su parte Paimán y Febrero Riojano son dos pequeñas bodegas, la primera en Aminga y la segunda enclavada en el Valle de Chañarmuyo, con gran potencial. Otro nombre a tener muy en cuenta en la zona es el de Collovati, quien además de elaborar los vinos en La Puerta, tiene sello propio. Sus Torrontés y Bonarda tienen una personalidad inconfundible, y su espumante es muy interesante.

Todavía es muy temprano para determinar las características de cada valle riojano, pero lo importante es que ya están ubicados en el mapa, y que poco a poco comienzan a ser estudiados, tanto sus climas como sus suelos. Así, al reconocido Chilecito, pronto se le empezarán a sumar nombres como Chañarmuyo, Aminga, Castro Barros, Villa Unión, Anillaco, Sanagasta, Malligasta y Agua Blanca, entre otros.

Teniendo en cuenta que la cosecha 2015 fue complicada en todo el país, y más para los vinos blancos por la época en que El Niño desató su furia, la calidad ha sido muy buena. Se nota el know how en bodega para cuidar los aromas primarios tan característicos del Torrontés. Entre los tintos el Malbec abunda, como sucede en todas las provincias vitivinícolas. Sin embargo, el Bonarda es el vino que más se destaca, y hay muchas fichas puestas al Petit Verdot, aunque el Cabernet Sauvignon también puede dar una grata sorpresa. Habrá que esperar un poco más para que el Tannat y el Syrah, dos vinos de la región de los cuales se mucho en su momento, vuelvan a despegar.

Pero hay algo muy rescatable en el carácter de los vinos de La Rioja, mucho más evidente en los jóvenes y sin tantas pretensiones, ya que en los vinos top el roble sigue siendo el principal protagonista. Pero en los vinos donde manda la fruta, esos que se disfrutan más de jóvenes, hay una fuerza que se distingue. Si al Torrontés logran multiplicarlo, en tipos, en estilos, y en todos los niveles de precio, y lo acompañan con el Bonarda, joven, fragante y con carácter, La Rioja rápidamente recuperará su lugar en el mapa vitivinícola de nuestro país. Porque no hay que olvidarse que el 90% de las etiquetas que consumimos los argentinos está compuesto por tintos y blancos de precios amables, pero principalmente jóvenes y expresivos. Y este es, sin dudas, uno de los mayores atributos de la provincia.

Si continúan por este camino, buscando de manera consistente la mejor calidad, seguro la van a encontrar muy pronto.

 

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Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.