Hace no tantos años en la Argentina todos los buenos vinos eran flacos, pero la necesidad de salir al conquistar el mundo los convirtió en gordos. Hoy, muchos de ellos adelgazaron. De los nuevos, la mayoría tiende a ser más estilizado que corpulento.

Y si bien parecía que la Argentina había encontrado su rumbo vínico, y que ya no debía abusar de las modas sino más bien sacar provecho de su condición única de país viejo-nuevo-mundista, surgió un aluvión de vinos flacos que desafía el camino a seguir.

Fui testigo de todo este proceso. Quizás en la primer etapa sin tantos privilegios, pero la ayuda de Miguel Brascó fue fundamental para entender aquellos vinos. De los cuales sólo los de López se mantienen fieles en la actualidad. Los demás confirman su estirpe sólo a mano de botellas guardadas.

Pero la cuestión no es volver al pasado sino encontrar el rumbo de cara al futuro.

A Michel Rolland se lo culpó de ser el responsable por la aparición de los vinos gorditos, es decir con más concentración (peso en boca), con sabores muy maduros y con importante presencia de roble que les daba mucha profundidad. Y si bien Michel parte de uvas bien maduras, y suele criar todos sus mejores vinos en barricas francesas, siempre estuvo muy lejos de hacer malas vinificaciones. No obstante, estos gorditos conquistaron los mercados externos de consumo; en realidad no tanto, ya que si bien las exportaciones crecieron de manera exponencial durante la primer década del tercer milenio, hoy están retrocediendo o estancadas en el mejor de los casos. Y queda tanto por crecer en este sentido que no se puede hablar de “conquista”.

Pero es cierto que los vinos argentinos se hicieron conocidos en el mundo a manos de los gordos, varietales en su mayoría. Es más, fueron merecedores de los primeros grandes puntajes (+95). Recuerdo que era la época en la que Miguel despotricaba contra los vinos fotocopia, por encontrarlos casi todos iguales.

Pero cuando parecía que todo estaba (bien) encaminado, surgió un gran cambio. Un cambio que nació básicamente por oposición, a manos de enólogos que querían diferenciarse desafiando límites, en el terruño así como en las copas. Y llegaron los flaquitos, vinos livianos en alcohol pero con la acidez bien marcada (como es lógico), de paso fluido y corto. Al principio fueron pocos, pero se reprodujeron velozmente. Uno de sus mayores atributos, más allá del ser diferentes, fue ser más tomables, algo que muchos sommeliers tildaron de “gastronómicos”.

Y mientras la actualidad vínica se debate entre gordos y flacos, poco a poco surgen vinos con personalidad propia. Vinos que no buscan desafiar nada, ni sobresalir por sus diferencias. Vinos que también son hijos de búsquedas pero que tienen algo en común, la consistencia. Y no en estilo porque, como los gordos y los flacos, son vinos que están empezando a hacer su camino. Pero sí a nivel conceptual, de donde vienen y hacia donde van, partiendo de donde son.

Estos vinos, a diferencia de los gordos, llenan la boca pero sin pesar, sus taninos son igual de firmes pero pulidos, y el roble puede o no estar, pero nunca se va a percibir con protagonismo en la copa. De los flacos se diferencian por ser más equilibrados y expresivos, y con un paladar más profundo. También de trago más amable por no presentar aristas, las que suelen quedar expuestas en los flacos.

Los gordos han demostrado que el potencial de guarda no ha sido su fuerte, porque se desarman en el camino. Los flacos todavía tienen ventaja por ser más nuevos. Y si bien tienen menos cuerpo para perder en el camino, la cuestión será como van a sostener las expresiones, apoyadas puramente en la frescura y en las texturas, de su juventud.

Están surgiendo grandes vinos argentinos que no son ni lo uno ni lo otro, y no importa si vienen de Uco, de Agrelo, de El Pedernal, Patagonia o Cafayate. Tampoco si son viñas viejas o nuevas, ni si son varietales o blends. Porque lo que más importa es que son vinos, más allá de todo. Que con sus capas de aromas y sabores, y sus texturas equilibradas buscan dejar un mensaje en el paladar y mantenerse vivos por mucho tiempo en botella, evolucionando hacia una complejidad única.

Lo confuso del momento es que todos sean destacados por los profesionales de la misma manera, siendo tan diferentes. Porque una cosa es el consumidor que puede elegir a su gusto y piacere, pero otra muy diferente es el profesional que hace, vende o comunica el vino. Porque aquí no son los gustos personales los que valen, sino la calidad, el concepto, las intenciones y las pretensiones de los vinos.

Todos los vinos argentinos son respetuosos y respetables, de eso no hay dudas. Pero la historia ha demostrado que los vinos que trascienden generaciones lo hacen por su personalidad y no por su originalidad. Recordemos que en la Argentina se dejó de lado la cantidad para desembarcar en la calidad., tanto en la producción como en el consumo. Y si bien se sabe que el exceso no es bueno, es cierto que el vino se disfruta al beber. Pero no por ser más bebible (cantidad) será más disfrutable (calidad), ni más complejo, ni más elegante; sólo se tomará más. Y esto tampoco los hace más gastronómico, ya que el hecho de ser más diluidos en contraposición a sus inmediatos antecesores, no garantiza maridaje alguno. Claro que por cuestión de peso el gordo dura más y el flaco menos; Miguel diría vinos de 1 copa o vino de 3 copas.

Así, se podría inferir de la misma forma que los gordos no llegaron tan lejos por ser de “una copa”, los flacos tampoco lo lograrán por ser de “tres”. Ahora entiendo por qué hacíamos juntos “Dos de Copas”.

 

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.

Una Respuesta

  1. cesar diaz

    Hola fabricio,aunq hace tpo. no t comento, no dejo d leert. Me gustaria q des unas etiquetas d esas q no son ni gordas ni flacas pero… q son grandes vinos…. mas alla d su lugar d origen