Lamentablemente no pude asistir a la primer edición de Pueblo Abierto

(http://www.fabricioportelli.com/2015/04/30/imperdible-aventura-gastronomica-cultural/), y a decir por las notas y las fotos de los chefs que sacó Eduardo Torres, estuvo genial. Aprovechando el fin de semana largo y patrio, viajaron los cocineros más reconocidos de nuestro país (Dolli, Trocca, Martitegui y Lepes, entre otros) con el objetivo de difundir la cultura gastronómica regional. Este evento nómade irá recorriendo año tras año distintas localidades para revalorizar a sus productos y productores artesanales, y así revitalizar una rica cultura gastronómica.

Pero yo me lo perdí. Sin embargo, pude degustar varios vinos de Cachi y sus alrededores en la presentación realizada hace pocas semana en el restaurante Sucre. Allí, mientras esperaba la presentación, pude conocer vinos que no conocía, y degustar nuevas cosechas de vinos ya famosos. Es evidente que además de la comida, y las artesanías, los vinos de Salta en general, y Cachi en particular, también tienen algo para decir.

De allí conocí el Familia Isasmendi, un Malbec 2012 de aromas integrados. Prolijo, de buena concentración y textura amable. Sin una personalidad avasallan, pero bien. De la misma bodega (y familia), un Torrontés muy agradable, el Cellarius  2014. Suave, típico y auténtico, para nada rústico aunque tampoco jugado. De la bodega El Molino de Cachi, degusté un aceptable Malbec 2010; que seguramente en su entorno se luce mucho más. Otro tinto, también oriundo del histórico pueblo salteño, situado en la convergencia de los ríos Cachi y Calchaquí, y que forma parte de los Valles Calchaquíes rodeado de Cerros Andinos, fue el Jean Paul Bonnal. Un blend  de Malbec y  Cabernet Sauvignon cosecha 2012. De aromas densos y maduros, pero con intención. Concentrado y con roble nuevo que se nota; también potente y cálido, pero con el propósito de ser fiel al lugar. Pero había más de los alrededores de Cachi, como el Viñas de Payogasta 2013. Un blend tinto con una composición que nunca había visto; Malbec, Tannat y Merlot. Muy herbal, fluido y corto, con final rústico. El Miraluna Merlot Roble, concentrado, algo cálido y con el roble que domina el paladar, pero con textura amable. También hubo lugar para un vino casero, el Mónica Maria Tinto; muy denso, maduro y rústico, con la contundencia que exige el lugar. De Molinos, sin dudas la bodega estrella es Finca Humanao, con Luis Asmet como hacedor. Degusté el Finca Humanao Malbec 2011; herbal y cálido pero con frescura. Algo tradicional y con toque rústico. Franco y con su potencia bien equilibrada por la frescura. El Humanao Malbec, Cabernet Sauvignon 2011. Aquí domina el Cabernet con sus dejos vegetales, y su textura masticable; denso pero fresco. Y, como no podía faltar, el Humanao Torrontés 2014. Un blanco agradable, con personalidad y tipicidad no exagerada, con los trepemos muy domados pero con gracia y carácter.

Encontrar un pueblo en un marco tan imponente como los Valles Calchaquíes y poder disfrutar de su comida y sus vinos, es una experiencia única. Replicar eso lejos del origen, quizás no es tan contundente, pero siempre es un privilegio ser productor de vinos y recibir a los visitantes con una copa de él.

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Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.