Bianchi es un nombre muy querido desde mucho antes que Boca Juniors conquistara el mundo. Porque siempre estuvo en las buenas mesas de los argentinos. Bianchi es vino, y sin dudas es la historia de una de las familias más tradicionales de la industria con casi un siglo de trayectoria. Con vinos eternos como el Borgoña o el Don Valentín, fue una de las primeras bodegas nacionales en sacarle el jugo al marketing. Porque no dudó en utilizar los nombres de las principales regiones vitícolas del mundo para bautizar a muchos de sus vinos; Borgoña, Chablis y Margaux. Pero también fue pionero en utilizar la palabra Grand Cru (como se clasifican los mejores viñedos de Burdeos desde 1855) en la etiqueta del Enzo Bianchi, vino creado en honor al hijo del fundador de la casa y gran responsable del crecimiento de la bodega.

Pero don Enzo tuvo su continuidad en Valentín “Tincho” Bianchi, uno de los referentes del renacimiento de la industria. Y si bien hace algunos años está relegado por cuestiones de salud, fue tan fuerte su legado que aún hoy sirve de inspiración al nuevo equipo que se ha armado para este regreso que promete ser con mucha gloria.

La adversidad es algo que los Bianchi siempre han podido sortear, y lo hicieron desde su propio terruño, un oasis al sur de Mendoza muchas veces subestimado por colegas de otras zonas vitivinícolas. Pero San Rafael tiene todo para ser el origen de grandes vinos. Lo ha demostrado durante muchos años, y está listo para la revancha.

La región

San Rafael tiene nombre de zona prestigiosa, y justamente fue Tincho Bianchi quien creó la Denominación de Origen Controlada en 1992. Pero eran otros tiempos, en los cuales no importaba tanto el donde sino más bien el qué, al menos para los vinos del Nuevo Mundo. Era el momento de los varietales, con el lanzamiento mundial de nuestro Malbec. Pero poco duró la fiebre del varietalismo y el lugar empezó a importar. Hoy es más relevante donde nace el vino y su capacidad de transmitirlo en las copas, que la cepa o la crianza.

Silvio Alberto, flamante director enológico de la casa, está sorprendido y asegura que “San Rafael no es solo una zona de espumantes; en cuatro meses hice más calicatas que en toda mi carrera en Valle de Uco, para entender de dónde partimos”. El entusiasmo del winemaker; que viene de Achával Ferrer, Diamandes y previamente había creado Andeluna tras de su salida de Navarro Correas (Grupo Diageo); es evidente y de bases sólidas. Su respeto hacia la familia y hacia Tincho en particular era real, ya que compartieron momentos inolvidables y hasta un concurso en el cuál ambos fueron premiados con sus respectivos vinos 2003 (Vinos de la Cordillera).

Los Bianchi siempre tuvieron claro que el vino nace en el viñedo, porque la tierra es lo que tuvo siempre la familia “En la finca Doña Elsa hay la misma concentración de piedras que en el Valle de Uco, pero nadie habla de ese lugar” se lamenta Silvio. En esos suelos hay piedras y arena con otras características, la frescura está porque los pH son muy buenos y permiten lograr una acidez natural refrescante. No por casualidad los blancos de la zona se destacan desde hace varias décadas, más allá de la gran producción de vinos espumosos que hay en San Rafael.
Silvio tiene que agarrar la posta de Tincho y así poder devolverle la identidad a los vinos de la casa, y sabe como hacerlo; “respetando el terroir quiero poner a San Rafael en boca de todos”.

Ya sumaron una bodega y viñedos en el Valle de Uco que les va a permitir trabajar con otro terroir y lograr una diversificación. “Pero el Enzo Bianchi va a seguir siendo un Grand Cru de San Rafael, y el nuevo equipo pondrá mucho énfasis en los detalles” asegura.

El nuevo equipo

Silvio se reconoce como hijo vínico de Mariano Di Paola (Rutini y La Rural), y fue el encargado de armar el nuevo equipo técnico de Bianchi, con Sergio Pomar (ex enólogo de NQN y Fin del Mundo) y el ingeniero agrónomo Pablo Minatelli (ex Norton).

Pero a los vinos además de hacerlos hay que venderlos y comunicarlos. Hoy, con la familia solo como accionistas, el timón de la bodega está en manos de Rafael Calderón; a esta altura una de las personas con mas experiencia en el manejo de bodegas argentinas (Navarro Correas, Salentein, Riglos, etc.).

Rafael ya había trabajado (durante cinco años) con Silvio en Diageo, y lo convocó para esta nueva etapa por ser un talento nacional y moderno, dos cosas fundamentales que aprendió en sus más de veinte años al frente de bodegas patrias. Con Bianchi vuelve a la alta gama y al volumen, un negocio muy interesante que tiene como insignia al Don Valentín Lacrado (1.8 millones de cajas), “la idea es reafirmar la consistencia en el tiempo, y seguir siendo un buen vino para todos los días. Y con esa base armar las altas gamas de la empresa, por eso incorporé talentos para armar equipos”, afirma el ejecutivo chileno, pero que a esta altura está bien argentinizado. Rafael reporta al directorio (que incluye a la familia) y es el responsable de trazar la estrategia para los próximos 10 años de la bodega, además de marcar el rumbo. Culminando la etapa de diagnóstico, el plan de inversiones está en pleno desarrollo, tanto en San Rafael como en el Valle de Uco. Allí adquirieron Mil Piedras con 170ha de viñas en Vista Flores. La bodega cuenta con tanques chicos y allí se va a concentrar la alta gama, mientras que lo masivo se mantendrá en las bodegas de San Rafael. “Trabajaré en especializaciones diferentes, quiero lograr que convivan productividad y calidad, con diferenciación de las altas gamas”, afirma.
Los responsables del nuevo equipo de comercial (Felipe Cordeyro y Gastón Arieu) saben que tienen una piedra preciosa en la mano y que solo deben pulirla, son casi 90 años de historia y un terruño único como San Rafael.
“Por primera vez la bodega empezó a vender directo y no a través de un distribuidor. Había mucho temor a ese cambio después de 89 años, pero el resultado fue sorprendente”, comenta Felipe.

Entre todos van a desarrollar la identidad de San Rafael y convertir a Bodegas Bianchi en una empresa global (hoy el 80% de la producción va al mercado interno), esperando volver a ser reconocidos como un ícono con mucha historia.

Por su parte, y luego de disfrutar varios de los tesoros añejos de la casa, Gastón Arieu citó el concepto italiano de “sprezzatura”; el arte de hacer fácil lo complejo; para describir no solo un momento inolvidable, sino lo que pueden trasmitir los vinos de Bianchi.

Silvio Alberto y Rafael Calderón

Los vinos
El Wine Gurú (apodado así por Gastón) maneja todo, bodegas y viñedos, y va a buscar fruta y complejidad, identificando cada lugar. Silvio tiene muy claro que el Enzo siempre será de San Rafael, pero ya está pensando un Enzo Malbec del Valle de Uco, un terruño que conoce muy bien. Además de Doña Elsa y las Paredes, poseen la Finca Asti, la más cerca de la champañera y de la ciudad, con
clones de Cabernet Sauvignon muy antiguos y un suelo muy diferente, con casi 80cm de limo y arcilla antes de llegar a las piedras, y eso le sienta muy bien al rey de los cepajes, y base del Enzo.
Silvio recuerda las palabras que Paul Hobbs (el afamado flying-winemaker) le dijo alguna vez destacando mucho al Cabernet Sauvignon como él cepaje de San Rafael. “Queremos revivir la DOC (Denominación de Origen Controlada), porque si bien antes estaba puesto el énfasis en las marcas y en las bodegas, hoy es el terruño el que manda”, dice el enólogo.

Al ser una de las bodegas tradicionales más reconocidas, saben que lo masivo es la base, por eso la apuesta de los enólogos estará en la calidad pero también en la alta gama. Tienen de sobra para inspirarse más allá de los viñedos, porque en las cavas de San Rafael hay vinos añejos y de añadas excepcionales (Particular y Enzo Bianchi) que expresan y enseñan muchas cosas.
Ya varios de ellos se lucieron en la presentación en Don Julio, una verdadera catedral del vino y las carnes nacionales, y que esconde en su (recientemente habilitado) subsuelo la cava más linda, completa y diversa del país. Allí, Pablo Rivero (propietario e ideólogo) no solo guarda vinos actuales, sino que ostenta una colección única de vinos añejos, una verdadera (be)biblioteca para saber de donde vienen y poder entender mejor hacia donde van los vinos argentinos.

Las botellas viejas que se descorcharon llegaron directamente en avión hasta Don Julio para la degustación, y varias quedaron bien guardadas esperando a ser descorchadas.

1) Particular Malbec 2007
De aromas maduros, con cierta frescura y buen cuerpo. Tradicional en sus sabores pero no así en cuerpo (por su concentración). Hay madurez de fruta, con especias, algo de cuero y tierra mojada. Taninos muy firmes, con fuerza y calidez en su carácter, además de cierta evolución, con leves dejos dry en el final de boca. Un vino que tiene mucha más vida por delante aunque su expresión ya está definida y dominada por la evolución.

 

2) Particular Cabernet Sauvignon 2005
De aromas austeros, con buena frescura y fluidez y apenas un leve dejo láctico propio de la crianza. Aún con fruta y frescura, leves dejos vegetales que hablan de tipicidad. De trago largo y complejo más allá de la textura, con final austero y profundo. Es un vino que tiene más para decir .

3) Particular Cabernet Sauvignon 2007
Algo más compacto en boca que el 2005, con leves dejos herbales y taninos algo sueltos. La frescura está y sus aromas son bien equilibrados, con buena complejidad. Y si bien sus texturas y notas de evolución son más lineales (como las del Malbec 2007, pero sin tanta concentración) hay un buen exponente de Cabernet Sauvignon argentino, aunque no llega a la altura del 2005.
Orden de preferencia: Cabernet Sauvignon 2005, Cabernet Sauvignon 2007 y Malbec 2007

Antes de largar con la mini vertical de Enzo y otras joyas de la casa, Silvio Alberto recuerda algunos aspectos de las añadas: 2003, una de las grandes; 2005, marcada por la humedad, especialmente para los Cabernet; 2007, fresca; y 2004, complicada por el viento Zonda.

Vertical de Enzo (de pie)
El primer Enzo fue elaborado en 1994, y es un vino de emociones para todo amante y conocedor de los vinos argentinos porque fue durante mucho tiempo un Top 5 local. Un tinto que se hizo grande desde San Rafael, un terruño (aún) subestimado por muchos. Silvio recuerda que en 1998 la cosecha estuvo marcada por El Niño, y los años siguientes fueron una cierta continuidad. El 2001 también estuvo signado por clima frío y fue una cosecha complicada. Pero la 2003 fue el inicio de los grandes cambios enológicos, una cosecha bien de clima desértico, con altas temperaturas y mucho sol, en la que se aprendió mucho del manejo vitícola. Para Silvio la 2010 es una añada marcada por la frescura, la fruta, el color y el potencial.

1) Enzo Bianchi Grand Cru 2001 (solo quedan 1000 botellas)
De aromas especiados y frescos, con buena fluidez pero paladar poco profundo. Hay equilibrio sin fuerza, con cierta complejidad, pero ganan la evolución y las notas de tierra mojada, tabaco y los ahumados. De trago delicado pero sin profundidad en boca, y un final dominado por los especiados.

2) Enzo Bianchi Grand Cru 2003 (la primer cosecha de Silvio en Andeluna)
De aromas intensos , con frescura pero también con calidez. Buena fruta y carácter compacto, paladar franco con cierta concentración pero bien apoyado en la fruta. Maduro pero no sobre maduro, con frescura y fluidez, y los taninos finos pero algo sueltos. Hay más fuerza que en 2001, con algo más terroso. No es muy profundo pero se abre en la copa y gana en equilibrio con texturas más suaves pero sin tanta complejidad.

3) Enzo Bianchi Grand Cru 2007

De aromas equilibrados y delicados, paladar franco, con buen agarre y frescura. Hay notas de evolución con frescura y fuerza en sus texturas, con notas de tabaco, cenizas, especias y algo ahumado. Buen volumen, con fluidez y paso consistente. Cuando se abre en la copa gana equilibrio, y se acerca a la complejidad del Particular Cabernet Sauvignon 2005.

4) Enzo Bianchi Grand Cru 2010

De aroma intensos y equilibrados, con buen volumen, símil al 2007 pero con algo más cárnico en su carácter. Taninos incipientes y sueltos pero finos, con buena frescura y un paladar consistente, leves dejos herbales y mucha calidez bien equilibrada por la frescura. Un vino que puede seguir evolucionando bien.
Orden de preferencia: 2007 – 2003 – 2010 – 2001

Wine Bonus Track 1
1987 Cabernet Sauvignon 1987
(en botella de 1.9 l)
Hay mucha evolución, con aromas ahumados, especias secas y algo cárnico. Taninos finos y una muy buena frescura que lo sostiene, con dejos herbales y de tierra mojada. Hay fluidez y se nota el paso del tiempo en sus sabores, pero llena la boca, y un leve final a caramelo quemado. Todavía hay agarre y eso indica que es una evolución viva y no tan lineal como muchos otros vinos menos añejos. Y si bien no ganará más atributos, este vino con sus 30 años está fuera de discusión.
Wine Bonus Track 2 (gentileza de un consumidor que pidió cambio de su botella por una más nueva, y se ganó una caja)

Don Valentín Lacrado (botella nro. 57.000, elaborada en los 70´)
De aromas maduros y muy caramelizados, con algo láctico seco pero se mantiene vivo. Hay ahumados y terrosos, con algo de fruta y calidez, con final amable y limpio. Demasiado para un vino que nunca estuvo pensado para la guarda y que enseña muchas cosas.

Wine Bonus Track 3 (rareza total con burbujas)
Stradivarius Cabernet Sauvignon 2012

Es un espumoso con cinco años sobre lías. De buen volumen, con frescura y madurez de fruta bien lograda. No es profundo pero sí con ataque y elegancia, con burbujas delicadas y todavía fuerza. Se nota que hay expertise con las burbujas, más allá de la originalidad que propone el varietal.
Lo que viene
Este vino sale en 2018, y está elaborado todo con uvas del Valle de Uco (Los Chacayes) de la flamante viña propia, que da frescura y mineralidad según Silvio Alberto, quién trabajó en la zona los últimos 15 años. “Esto es hacia dónde vamos, fruta con identidad, no vamos a copiar lo que hacen los demás, vamos en busca de la identidad propia” afirma el enólogo. Un blend de Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Franc, que estará entre Famiglia y Particular, y saldrá en Abril (junto con un Malbec) a $500 aproximadamente.
Gran Famiglia Red Blend Valle de Uco 2017

Tinto moderno y bien compacto, de trago amable y poco profundo, hay madera y mucha fruta, con una linda frescura, taninos finos y paso refrescante. Hay mucha expresión propia de tinto muy joven pero que quiere llegar lejos.

 

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo.
Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.