Parece una obviedad, pero es algo que no se está dando mucho en la Argentina. Porque si bien sigue siendo un mercado joven de consumo, por más que acuse 200 años de historia, la falta de continuidad en las políticas de estado complicó la consistencia y el crecimiento de una de las industrias más prolíferas del país desde fines del siglo XIX.

Durante años, el vino fue más universal que popular, ya que estaba en la mesa de todos. Luego, la política se metió en el medio y se convirtió en la bebida del pueblo. Y la Argentina llegó a ser el principal consumidor per cápita del mundo, con 90 litros anuales, pero la calidad general de aquellos vinos no era para enorgullecerse. Además, ante la falta por malas cosechas, el gobierno autorizó a estirarlo (agregándole agua), y por consiguiente desnaturalizándolo, atentando contra su imagen y calidad, y lo que fue peor, abriendo las puertas a la adulteración.

Hacia fines del siglo XX, toda la industria se vio obligada a reconvertirse, apostando ya no por la cantidad, sino por la calidad. Y no solo abasteciendo cómodamente al mercado interno, sino saliendo a buscar nuevos clientes por el mundo. Y el resultado de ese proceso está a la vista. En menos de 30 años la Argentina vínica se reinventó y demostró estar a la altura de los mejores. Siempre subida al ranking de los mayores productores, ahora le agregó calidad, diversidad y el Malbec; el vino argentino líder y el más respetado en el mundo.

Pero a nivel local se produjo un quiebre. Porque si bien el antes denominado vino de mesa; hoy comercializado en Tetra Brik o en botellas (los finitos); sigue siendo el más consumido, el presente y el futuro de las bodegas está en los vinos con valor agregado. Antes solo había menos de 100 etiquetas de “vinos finos”; hoy existen miles. Y la diferencia en valor, entre la más económica y la de más alto precio, puede ser de 100 veces (de $150 a $15.000). La diversidad hoy está dada por muchos factores, el tipo de vinos, los cepajes, los terruños, los estilos, los métodos de elaboración y crianza, los hacedores, etc. Y sin dudas, hoy el consumidor tiene al alcance de su mano los mejores vinos argentinos de la historia, y en todos los segmentos de precio. Algo que no solo posibilitó la tecnología, sino también el know how de bodegueros, enólogos y agrónomos que entendieron que la calve está en la uva. Porque solo con una buena uva se puede elaborar buen vino. Por eso dicen que el vino nace en el viñedo, no como una obviedad sino como una afirmación de principios. Allí, desde la poda de invierno, se determina la calidad del vino deseado.

Por otra parte, esto provocó una avalancha de vinos entrando y saliendo de las góndolas. Las etiquetas concebidas desde la calidad y con un concepto claro son las que tienen éxito y se mantienen vigentes, a pesar que puedan cambiar en algo para ser más actuales. Pero muchas no logran salirse del montón; fotocopia les decía Miguel Brascó.

Y así está la cosa hoy, con una gran oferta de etiquetas corriendo carreras para diferenciarse y ser las elegidas, y un consumidor (demanda) con poca plata en los bolsillos para invertir. Por eso el consumo y las ventas caen, a pesar que la calidad siga evolucionando favorablemente. Sin dudas, otro de los efectos nefastos de la inflación en la sociedad argentina. Y el consumidor de a pie (como decía Brascó) cada vez entiende menos lo que está pasando.

Qué es la democratización del vino

Para imponer un concepto en el mercado, antes hay que ser reconocido, más allá de tener la intención de compartirlo. Por eso, algo tan abarcativo solo puede venir de la mano de una de las bodegas más grandes del país, por trayectoria, volumen, presente y futuro.

Hoy, Bodegas Bianchi está en pleno resurgimiento; en los últimos meses dio inicio a un proceso que incluye el lanzamiento de nuevos vinos y el rediseño de algunas de sus etiquetas más conocidas (Don Valentín Lacrado). Pero ¿qué es la democratización del vino? “Nuestra filosofía de trabajo ubica en el centro al consumidor. El vino ha tendido, en los últimos años, a constituirse en un objeto, alejándose de la experiencia del consumidor. El vino no es sólo para conocedores o para coleccionar. Desde nuestra bodega sostenemos que se debe recuperar también lo simple, lo directo, rescatando el placer de beberlo y el disfrute, para diferentes ocasiones de consumo y para distintos consumidores.”-explica Rafael Calderón, Gerente General de Bodegas Bianchi. Más claro imposible, aunque quizás el efecto precio sea el gran culpable de alejar al consumidor de la bebida nacional.

Democratizar es hacerlo accesible para todos, y que cada cual pueda elegir libremente. Está claro que los vinos tienen su valor, y que éste se relaciona directamente con su calidad (y cantidad de botellas producidas). Pero hoy hay buenos vinos para todos.

“Por eso, a través de nuestro portfolio, Bodegas Bianchi expresa esta democratización del vino, representada en la variedad de nuestra oferta, nuestro lenguaje, nuestra historia y nuestro origen”, agrega Calderón. Así la bodega, que es sinónimo de tradición y permanencia, apunta a seguir estando cerca de sus consumidores, ofreciendo productos de valor en todos los segmentos de precios, renovando su propuesta estética, pero sin perder la identidad que la une a sus fieles seguidores desde hace casi cien años.

Pocas bodegas son las que pueden aportar a devolverle al vino argentino el prestigio que se merece, sin importar el valor de la botella; y menos los vinos masivos capaces de trasmitir nobleza. Porque ante todo tiene que ser una marca que inspire respeto y de larga trayectoria, como Don Valentín Lacrado; que estrena nueva etiqueta. Con una larga historia y concebido para todos los días, es un vino que trae recuerdos positivos (“el que tomaba mi abuelo, mi padre, etc…”). Nacido en los sesenta, continúa creciendo año tras año. Al reconocido blend se le sumaron los varietales Malbec, Cabernet Sauvignon y Torrontés. Estos cambios se pensaron con el objetivo de reforzar el vínculo con los consumidores, atravesando distintas generaciones. A los que se suma la incorporación de la frase “Patrimonio Argentino” que hace referencia a las raíces locales y la herencia familiar de esta bodega, que con 90 años de trayectoria representa la pertenencia, la cultura y el trabajo argentino”, afirma Adrián Cura, Gerente de Marketing de la bodega.

La intención es clara, aumentar el acceso a nuevos consumidores, y recobrar el disfrute con menos solemnidad y más apreciación, de la mano de un vino consagrado en el que los consumidores pueden confiar sin preocuparte tanto por los descriptores aromáticos ni las complejidades.

La línea Don Valentín Lacrado, en sus variedades tinto y blanco, está disponibles en el mercado a un precio de $149. Los jóvenes varietales se comercializan a $169.- en uno de los segmentos de precios más dinámicos de la industria vitivinícola.

Sergio Pomar, uno de los enólogos del equipo que lidera Silvio Alberto, quiere reivindicar este vino ante todos los consumidores, y asegura que se precisa mucha técnica en bodega y en viñedos para lograr esta calidad con esta cantidad (12 millones de botellas). No se trata de un vino de descarte, sino de un buen vino para un consumo simple y de disfrute diario, elaborado con dedicación y mucho cuidado por muchas personas, en pos del consumidor y la sustentabilidad económica de la bodega.

Pero en Bodegas Bianchi también pusieron el foco en los vinos de alta gama, creando mensajes para llegar a todos los consumidores dándoles lo mejor posible en cada segmento.

Para ello renovaron hace un par de cosechas al equipo enológico, y adquirieron una bodega y viñedos en el Valle de Uco, que se suman a su histórico terruño de San Rafael. La idea es volver a estar en copa de todos, y para eso no solo hay que mantener la consistencia en los vinos masivos, sino también marcar las diferencias en la alta gama, ya que hoy son una bodega global con presencia en más de 40 países.

Sus principales marcas son Enzo Bianchi (con novedades inminentes), María Carmen, Bianchi Particular (renovada por fuera y por dentro, y con el Cabernet Franc como nuevo integrante), Gran Famiglia Bianchi (vinos 100% del Valle de Uco), Famiglia Bianchi (con los flamantes blends Red y White), Elsa Bianchi, y los espumantes de Bianchi Premium (Extra Brut y Famiglia Bianchi), elaborados con el método tradicional. También sus vinos jóvenes Marló y New Age dulce espumante, además de los tradicionales.

Hacer vinos para todos los paladares es el espíritu que llevó a la bodega a crear el concepto de Democratización del Vino, con el objetivo que muchas otras más se sumen a la movida. Comunicando los placerse simples que solo el vino puede ofrecer, sin olvidar la complejidad que permite la innovación y el mayor conocimiento del terruño. Porque si bien son esos los vinos que mueven las fronteras e inspiran a ir siempre un paso más allá, los que realmente simbolizan la cultura del país son los vinos que más se consumen y disfrutan en los hogares.

El gran desafío actual de todo el vino argentino es recuperar la caída de litros per capital mano de bebidas sustitutas, y la clave puede estar más vinculado a lo sentimental que a la diferenciación cualitativa. Y en eso, el vino es el más noble, natural y diverso compañero de mesa para compartir en familia o con amigos.

Vinos para todos los días

Los precios de los vinos no son caros ni baratos, son, y cada cual los percibe de acuerdo a sus posibilidades. El hecho de no poder comprar un vino, no significa que su valor no sea el merecido o el adecuado. Claro que hay excepciones, pero en general los precios en la Argentina son muy buenos indicadores de lo que viene adentro de la botella. Y siempre hay que tener en cuenta que, a partir de los $1500, ya la competencia no es por la calidad, sino por el significado percibido de cada etiqueta. Además, hoy la calidad no es un valor agregado, sino una obligación en cada segmento. Eso explica que todos los vinos argentinos sean cada vez mejores. Y por suerte, la oferta de vinos sub $300 se multiplica más que la de los vinos de alta gama.

Para analizar si un vino así (de $300) se puede tomar todos los días hay que saber que una botella mínimamente se comparte entre dos (es decir $150 c/u). Que con dos copas para cada uno es suficiente para disfrutar más de la comida, porque la sed se saca con agua. Claro que se le puede echar soda a gusto y así durar más. Pero si el consumo es el habitual, una botella entre dos debería alcanzar o incluso sobrar. De ser así, se guarda en la puerta de la heladera y sirve para el otro día. Con lo cual, el costo real de un buen vino de todos los días está entre $50 y $75 por persona. ¿Qué otra bebida ofrece tanto placer por tan poco alrededor de la mesa?

Don Valentín Lacrado 2019 ($149)

Desde 1965; creación de don Enzo Bianchi; es un blend original en su concepción. Actualmente elaborado a base de Tempranillo, Bonarda y Syrah, de aromas agradables, con frutas rojas y especias. Buena fluidez y cierta intensidad en sus sabores francos, con taninos amables y un final directo y envolvente. Muy bien logrado y bastante equilibrado en sus expresiones. Con soda no mejora. Ideal para guisos.

Don Valentín Lacrado Torrontés 2019 ($170)

De un parral viejo de Torrontés Riojano (10 hectáreas). Fresco y limpio, con mucho volumen en boca. Paladar franco, con notas de peras y leves dejos florales. Hay vivacidad y simpleza en cada trago. Es directo y amable, muy bien logrado. Con un poco de soda se desdibuja su carácter. Mejor solo, a temperatura de heladera o con un hielo. Muy buen blanco para pastas, ensaladas y carnes blancas.

Don Valentín Lacrado Malbec 2019 ($170)

De aromas frutales y especias, con buen cuerpo y estructura, y un carácter de fruta actual, con un toque de roble. De trago fluido y limpio final, con taninos que marcan su paso.  Con soda queda bien, se redondean sus texturas, aunque pierde un poco de fuerza la fruta, pero se mantiene equilibrado. Muy bien para milanesas, churrascos con puré y pastas con salsas de tomate.

Don Valentín Lacrado Cabernet Sauvignon 2019 ($170)

De aromas limpios e integrados, compacto y con buen carácter especiado, pero apoyado en las frutas rojas. De trago amable y consistente, bien equilibrado, con final fresco y expresivo. Con soda gana en texturas y no se desvirtúa, sobresalen las especias, aunque se va un poco la fruta, pero se mantiene entero. Muy bien para carnes al horno.

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.