Las personas felices tienen mucho en común con los amantes del vino, disfrutan de sus buenas costumbres. Porque son muchos los que ven en la rutina cotidiana el placer, y regocijo en las costumbres. Y si bien la sorpresa y el impacto sirven de vez en cuando para sacudir el día a día, al final siempre se vuelve a lo bueno conocido. Esto no significa falta de interés por la experimentación, ya que la curiosidad es innata en el ser humano; en algunos mucho más que en otros. Pero esa es otra parte de la película, ya que la mayor parte transcurre en el confort que da lo conocido, y luego en cada uno estará el nivel de satisfacción. En el vino es muy fácil sorprenderse gracias a que la diversidad está a la orden del día. Ya sea por cepaje, lugar, estilo, método o personaje, romper los moldes y causar impacto en el paladar es relativamente sencillo. Lo difícil es mantener el mismo nivel de impacto. Dicho de otro modo, vender la primer botella es mucho más fácil que la tercera. Pero esa es la vencida, porque una vez que sucede, significa que el consumidor ya la adoptó. Lograr eso es una meta en sí mismo y está en la misión de cada bodega, más allá de sus ansias comerciales. Y dejando a las grandes bodegas de lado, que se mueven al ritmo de esa gran marea llamada mercado, son muy pocas las que pueden trascender las cosechas y consolidarse al mismo tiempo. Sobre todo si hablamos de bodegas nuevas como Cavas Rosell Boher. Una pequeña casa vinícola creada para deslumbrar a través de las burbujas cuando nacía este milenio. Y de alguna manera, haber logrado su cometido tuvo su contrapartida. Porque sus vinos “tranquilos” se vieron opacados por sus compañeros espumosos. Es cierto que los Viñas de Narváez nacieron al mismo tiempo y se hicieron un lugar entre los varietales jóvenes, sin madera y con un pack atractivo, más allá de su atractiva relación calidad precio.

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Pero Alejandro “Pepe” Martínez, a punto de cumplir sus 60 años y con 41 cosechas a cuestas, tenía que volver a su viejo amor; elaborar tintos y blancos de alta gama. Con su reconocida formalidad y perfil bajo, dio vida a una línea que hoy demuestra su consistencia con el lanzamiento de una nueva cosecha. Porque los Casa Boher saben que quieren ofrecer desde el vamos. Con un estilo que es un fiel reflejo de su hacedor y del Valle de Uco. Son vinos poco estridentes y equilibrados como los de antes, pero con una frescura, fluidez y texturas como los de ahora. Esto significa que no causan impacto sino más bien reconfortan porque respetan un estilo. Definido y armónico, donde la madera tiene el protagonismo lógico para poder marcar diferencia con los Viñas de Narváez, que no pasan por roble. Pero cada varietal habla de su tipicidad, al tiempo que confirma que pertenecen a una línea de vinos que no ostenta, sino que cumple con las expectativas que genera, en valor, en calidad y en apariencias.

El Sauvignon Blanc 2015 mantiene un perfil voluptuoso y amable, con rasgos herbales típicos del varietal pero sin ser mordiente ni exagerado en sus aromas, sino muy moderado en todas sus expresiones. El Cabernet Franc 2014 avanza un casillero, haciendo gala de la experiencia de su enólogo, que vinifica este cepaje desde hace más de 35 años. El Malbec 2014 se ha vuelto más fluido y vivaz, menos carnoso que el 2013, pero con la misma gracia. Y es todo un logro, ya que de las 60.000 botellas de la línea, representa el 50%. Y siempre es mejor noticia muchas botellas de un muy buen vino que muy pocas de un gran vino. El Cabernet Sauvignon es le preferido del enólogo y es lógico. Porque su relación es histórica. Seguramente en los comienzos de Pepe, tiempos en que los grandes vinos argentinos eran a base de este cepaje o blends con su protagonismo, representaba el gran desafío del enólogo. Hoy, 41 años después se encuentra elaborándolo con serias pretensiones pero en un terruño relativamente nuevo para el Cabernet. Porque la altura del Valle de Uco desafía su óptima madurez, año tras año. El Merlot 2014 es un secreto no tan bien guardado, porque hace tiempo que en la bodega lo elabora a su modo; sin dudas un tinto neoclásico. Por último el Extra Brut, un espumante que compite desde abajo con sus hermanos, pero que tiene mucha banca. Sobre todo por su carácter frutal, cada vez más dominado por el Pinot Noir, bien coronado por las burbujas made in casa.

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Muchas cosas se pueden decir de los Casa Boher más allá de los gustos personales. Hay una calidad que queda expuesta por el precio ($205). Es decir que da más de lo que pide, y que sugiere la base de algo más importante (¿qué está al llegar?). Pero lo más interesante es que vuelve sobre sus pasos. Un estilo consistente, amable y fresco, que se luce en la mesa. Y qué mejor que atravesar un menú de Sagardi, uno de los mejores restaurantes vascos de la Argentina. Allí, cada vino acompañó muy bien cada propuesta del chef. El espumoso con los pintxos de salmón, el Sauvignon Blanc con el surtido de croquetas fritas, el Cabernet Franc con la ensalada templada de setas y langostinos, el Malbec con los pimientos del piquillo rellenos de osobuco, el Cabernet Sauvignon con el txuleton de vaca vieja, y hasta el Merlot con el pastel de chocolate caliente con sopa fría de queso de oveja. Y si bien se podría haber alterado alguna de las opciones y servir unos quesos para acompañar el Merlot antes de la llegada de los dulces, todos los Casa Boher han superado la prueba con creses.

Una vez más queda demostrado que esta bodega funciona como un equipo de fútbol que sale campeón. En el que dirigentes (propietarios, directores y responsables de prensa), cuerpo técnico (enólogo) y jugadores (vinos) están en sintonía y juegan al mismo juego. Todos con perfil bajo y pasos consistentes. Tomar un vino de estos es como volver a casa, ya se sabe lo que viene. Y esa costumbre es parte de la felicidad, como descorchar una botella fiel a sus convicciones que anticipa lo que expresará la copa, también lo es.

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Los vinos de Casa Boher

 

Casa Boher Extra Brut s/a

Cavas Rosell Boher, Valle de Uco $205

De buen ataque y aspecto bien asalmonado. Poco profundo al paladar pero con carácter frutal en el que domina la cereza típica del Pinot Noir. Hay algo diferente en su centro de boca y acidez respecto de sus antecesores. Mantiene la consistencia de sus burbujas y un paso refrescante a la vez que expresivo.

Puntos: 89

 

Casa Boher Sauvignon Blanc 2015

Cavas Rosell Boher, Valle de Uco $205

Hay mucho volumen pero no tanta expresión. La poca profundidad se equilibra con su voluptuosidad y cierta madurez que demuestra más evolución que el 2014. Pero al abrirse y acomodarse en la copa revela su consistencia de estilo y tipicidad. Claramente un blanco austero para servir en la mesa.

Puntos: 87

 

Casa Boher Cabernet Franc 2014

Cavas Rosell Boher, Valle de Uco $205

De aromas compactos, con buen volumen y soltura en boca. Se nota mas su tipicidad delicada, protegida por la madera fiel al estilo de la línea, pero con vivacidad y equilibrio. Hay intensidad y frescura, es franco y especiado, con taninos delicados, fruta roja y lo herbal bien sutil que perfuma el final de boca.

Puntos: 90

 

Casa Boher Malbec 2014

Cavas Rosell Boher, Valle de Uco $205

Mas fluido que sus antecesores. Con agarre y menos fuerza frutal, pero con la misma tipicidad. De paladar ágil, con tonos herbales y vivaces que hablan del lugar. Trago profundo y muy drinkable (como diría Brascó), ideal para servir en la mesa y disfrutar toda una comida. Beber entre 2016 y 2018.

Puntos: 88

 

Casa Boher Cabernet Sauvignon 2013

Cavas Rosell Boher, Valle de Uco $205

Hay fluidez con dejos lácticos y mucha frescura. De trago poco profundo, especiado y fresco, con taninos finos que hablan del varietal. Hay madurez en su carácter frutal, y algo de torrefacción del roble, pero también una tipicidad especiada que domina su persistente final. Beber entre 2016 y 2018.

Puntos: 88

 

Casa Boher Merlot 2014

Cavas Rosell Boher, Valle de Uco $205

De muy buen perfil varietal, algo que escasea últimamente. Con algo de vegetal y terrosidad, también con especias frescas y paladar amable, en línea con la traza de la casa. Hay volumen y fluidez, con carácter y estilo. Un tinto delicado y con potencial, para lucirse en la mesa. Beber entre 2016 y 2020.

Puntos: 89

 

 

 

Sobre El Autor

Hace 15 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.